La oposición urge a Mas medidas concretas para afrontar la crisis

Con una deuda de 28.096 millones de euros y casi 590.000 parados, los los partidos de la oposición no tienen paciencia para esperar a que el equipo de Artur Mas agote los cien días de gracia que se le suele otorgar a todo gobierno novel.

Artur Mas camino de la primera reunión de su ejecutivo con los primeros bocetos del plan de reajuste para superar la crisis
Artur Mas camino de la primera reunión de su ejecutivo con los primeros bocetos del plan de reajuste para superar la crisis

La cercanía de las elecciones municipales y, también, los deslices que ha cometido el Gobierno de CiU en sólo 55 días de andadura, no han ayudado al resto de partidos a moderarse en su papel de oposición, al menos, hasta finales de marzo, cuando culminan los cien días de gracia.
El hermetismo de CiU sobre el plan de reajuste para pasar del 3,6 por ciento de déficit actual, al 1,3 por ciento, inquieta al PP.

Cataluña necesita 16.000 millones de euros para cumplir con el déficit del 1,3 por ciento que fija el Estado. La idea es emitir 10.000 millones de deuda para pagar intereses y amortizaciones, además de financiar el futuro déficit del 1,3 por ciento. Otros 2.000 millones saldrán, «a priori», del Fondo de Competitividad que el Gobierno no ha dotado todavía a Cataluña y del pellizco de 759 millones de euros que Mas arrancó a Zapatero en concepto de retraso de inversiones en Cataluña. Los 4.000 millones restantes salen del compromiso de Mas de reducir un 10 por ciento el presupuesto de la Generalitat.

¿Qué partidas se verán afectadas? Esa es la pregunta qué todos se hacen desde la oposición y que ayer, la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, exigió a Mas que concretara. El plan de reajuste dibujado por CiU, en estos momentos, está sobre una mesa de negociación en Madrid, en el Ministerio de Economía, que es quien debe dar el visto bueno.

Mas recela de dar detalles antes de que el Gobierno apruebe su plan de reajuste, pero sus consellers, presionados por la oposición y la Prensa, están descubriendo algunos pormenores que no hacen más que armar un embrollo. Como la idea del conseller de Territorio y Sostenibilidad, Lluís Recoder, de reducir las 52 paradas de la Línea 9 del Metro para ahorrar, así como «ralentizar» las tres tuneladoras que trabajan en esta infraestructura. O el anuncio del conseller de Bienestar Social, Josep Lluís Cleries, que planteó que algunas ayudas ya no serán universales y los ciudadanos las cobrarán según sus ingresos.

En un intento de aliviar los desaciertos, Josep Maria Pelegrí, en el primer consejo nacional de Unió Democràtica de Catalunya, tras llegar al Govern, avaló la «firmeza» y la gestión de Mas.

Sin embargo, el presidente del grupo del PSC, Joaquim Nadal, exigió ayer rigor antes de pasar las tijeras. Nadal hizo piña con el PP para que Mas presente en el Parlament el plan de reajuste que ha trasladado al Ministerio de Economía. Y calificó el anuncio de Recoder de precipitado. El socialista aconsejó a su sucesor al frente del departamento de Territorio y Sostenibilidad que antes de tomar una decisión «estudie» los informes sobre el proyecto de la L9 que tiene sobre la mesa.

Para espabilar al equipo de Mas, el PP avanzó que pasará a los hecho. Sánchez-Camacho anunció ayer en Girona que su partido presentará un paquete de medidas para bajar los impuestos, en las próxima semanas. La presidenta del PP catalán defendió que bajar los impuestos es la manera de incentivar la actividad económico y productiva, y de apoyar a los empresarios, los autónomos y los trabajadores.

Mientras que Mas considera, que tal y como están las cosas, las rebajas sobre la presión fiscal tendrán que esperar –por ahora, sólo suprimirá el impuesto de sucesiones–, Sánchez-Camacho avanzó que el PP le demostrará que puede ir más allá. Le instó a prepararse, como lo está haciendo el PP, de cara a la cumbre anticrisis del próximo 25 de marzo, para que no sea sólo una fotografía de grupo, como fue la reunión que convocó su antecesor, José Montilla.

Pero quienes han sido menos tolerantes con los desatinos del Govern son ERC e ICV. Cuando CiU estaba en la oposición, no perdonó al tripartito ninguno de sus desencuentros. Ahora, exigen a Mas hechos, si no quiere decepcionar quienes votaron a CiU el 28-N. ICV le reprochó su capacidad de crear alarmismo con los recortes. Y le instó a abordar con cabeza los recortes en educación, sanidad y seguridad. ERC dijo que se esperaba más de la experiencia de CiU.