El amado Baremboim

La Razón
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Ciclo de IbermúsicaObras de Bruckner y Chopin. Intérpretes: Staatskapelle Berlin. Director: Daniel Barenboim. Auditorio Nacional. Madrid. 06/07-07-2010. Los dos conciertos sucesivos de cierre de la temporada de Ibermúsica nos trajeron a Daniel Barenboim con la Staatskapelle Berlín, la orquesta de la ópera de la ciudad que comanda y, por tanto, una de aquellas con las que trabaja con mayor asiduidad. Este dato tiene su importancia, ya que difícilmente se puede abordar la «Quinta» bruckneriana sin un amplio programa de ensayos. Sin duda lo tuvieron para esta gira que les lleva seguidamente al Festival de Granada.

La Quinta es posiblemente, dejando a un lado Primera y Segunda por razones obvias, la más difícil para el público, y de ahí que se programe poco. Es sólo la cuarta vez que suena en una Ibermúsica después de nada menos que cuarenta sinfonías brucknerianas desde 1979. Se podrán ensalzar sus indudables valores y darle las vueltas que se quiera, encontrando hasta razones metafísicas para resaltar su valía, pero no es una obra tan redonda como Cuarta, Séptima, Octava o, por añadidura, esa Novena cuyo último movimiento posee al menos tanta enjundia como toda la Quinta. Es curioso que Barenboim avance en esta partitura en sentido opuesto al de casi todos los grandes directores en sus versiones, que normalmente se acaban durmiendo en las obras. La lectura del argentino resultó tan ligera en los tempos, especialmente el adagio, como en los planteamientos. Fue una lectura «amable», quizá para acercarla al público, muy lejana a los profundos conceptos de su querido Celibidache, referencia total en Bruckner. Para celebrar el bicentenario del nacimiento de Chopin, interpretó su primer concierto para piano ayudado por la dirección de Julien Salemkour. Debe resultar muy difícil mantener tónica en los dedos ante una actividad tan ingente como la del maestro, y de ahí que no sorprenda que en su versión no figurasen todas las notas. Imperceptibles omisionesPor encima de esas omisiones, por otro lado casi imperceptibles, se encuentra la gran clase del pianista, la belleza del sonido, la personalidad, la musicalidad, su forma de hacer cantar el piano. Son cualidades que adornan a muy pocos pianistas en esa misma medida. Barenboim es uno de los artistas más amados en España y de ahí sus perpetuos triunfos, aunque la Staatskapelle no sea una maravilla, tal y como demostraron los metales en Chopin.