Carl Honoré: «Pasamos por la vida en vez de vivirla»

Con firma propia: Profesión: periodista y escritor. Nació: en 1967, en Edimburgo. Por qué está aquí: va a participar en el congreso «Ser creativo», que se celebrará en Málaga entre el 21 y 23 de octubre
Con firma propia: Profesión: periodista y escritor. Nació: en 1967, en Edimburgo. Por qué está aquí: va a participar en el congreso «Ser creativo», que se celebrará en Málaga entre el 21 y 23 de octubre

-Tengo que seguir el movimiento «slow», la prisa me crea angustia...
-Vivimos en la época de la prisa. El virus de la prisa ha contagiado la vida y a usted. Pasamos por la vida en vez de vivirla, y tenga en cuenta que la prisa es poco productiva aunque parezca lo contrario.

-¿El movimiento «slow» consiste en dejarse llevar?
-No, es hacer las tareas de cada día a la velocidad justa; hay momentos para ser rápidos y otros para ser lentos. Simplemente hay que cambiar de marcha.

-Ya, ¿y eso cómo se hace?
-Lentamente... ¡ja, ja, ja! Hay que hacer las cosas con calma. Tomarse el tiempo natural para comer, relacionarse con los amigos, hacer el amor. Todo tiene su ritmo. No podemos acelerar un enamoramiento o una amistad a nuestro capricho, hay que darle tiempo para que fluya.

-Esa es la teoría, pero la realidad...
-La realidad es que la prisa es un estado que lleva a la distracción y al bloqueo físico y espiritual. Si estamos permanentemente «enchufados» establecemos relaciones superficiales, efímeras. No nos podemos pasar la vida haciendo malabares para hacer muchas cosas y todas mal.

-Aun así, no me negará que la lentitud tiene mala fama en nuestra civilización.
-Sí, es un tabú cultural. La lentitud está mal vista.

-Mientras, padecemos la enfermedad del tiempo.
-Es una enfermedad occidental. Hemos convertido al tiempo en nuestro peor enemigo. La velocidad es una forma de no enfrentarse a lo que le pasa a nuestros cuerpos y a nuestras mentes, de evitar preguntas importantes.

-Vamos a lo práctico, ¿cómo cambió su vida a partir de acogerse al movimiento «slow»?
-Para empezar, dejé de usar el reloj. Fue un acto simbólico, aunque cambió mi relación con el tiempo. Tengo una puntualidad británica, pero no cuento los minutos, los segundos...

-¿Trabajar menos es sinónimo de trabajar mejor?
-Depende de la persona. Yo diría que trabajar más lentamente ofrece resultados más productivos.

-¿Cuándo se impondrá el movimiento «slow» como una cultura de vida?
-La revolución será lenta, pero está en marcha. Primero se necesita un cambio de mentalidad individual. Después llegará la colectiva. Hay que superar la inercia de las empresas, que son adictas a la velocidad. Mire la crisis de ahora...

-¿Qué?
-Ha sido provocada por los mercados financieros: tenían un exceso feroz de velocidad , querían ganancias rápidas a costa de cualquier cosa y todo ha estallado.