Álex de la Iglesia: «En España no hay nadie sensato»

«Es la historia de dos payasos, uno triste y otro tonto que luchan a muerte porque tienen un pasado que gime y llora, como Raphael».

Álex de la Iglesia: «En España no hay nadie sensato»

 Pocas veces un director cuenta la sinopsis de su propia película, pero así es Álex de la Iglesia: espléndido en palabras cuando queremos que desentrañe su nueva película, «Balada triste de trompeta».

-Se trata de una cinta extrema en muchos sentidos pero, sobre todo, en las escenas violentas, crudas y realistas.
-Son parte esencial de la historia, como ocurre en las grandes tragedias. No es una idea mía, sino de Shakespeare. «Tito Andrónico», «Hamlet» y «Macbeth», por ejemplo, son obras extremadamente violentas. Sin embargo, no haría hincapié en eso porque el punto de vista es cómico.

-¿Son sus recuerdos de la posguerra tan siniestros como su filme?
-En Bilbao, como en otras ciudades, se vivía una violencia soterrada que generaba un clima de crispación terrible. Recuerdo un tiroteo entre ETA y la policía del que no hablamos en mi casa y ocurrió a 50 metros. Yo tenía ocho años. Robé chucherías manchadas de sangre y cogí con mis amigos los casquillos de bala. Ahora toca que sacar las chuches y la sangre de los bolsillos.

-Y, ¿cómo se saca la sangre de los bolsillos?
-Creo que la risa y la caricatura nos pueden ayudar a disolver el horror. Cuando nos vemos reflejados de una manera grotesca y ridícula entendemos mejor nuestros problemas. Creo que los dos payasos personifican correctamente esta visión. Pero la película no tiene una intención adoctrinadora, todo lo contrario. Sólo es mi forma de exorcizar los miedos.

-Al cine español se le acusa de haber abusado de la Guerra Civil y el franquismo en sus películas.
-La idea es, precisamente, dinamitar ese tipo de cine. Es decir, meter un payaso vestido de niño, con ricitos de oro en medio de una secuencia de la Guerra Civil. Sólo es el escenario de la historia, la película no va de eso. En aquella época, ocurrían cosas terribles de las que yo no era responsable y, sin embargo, me sentía culpable. Lo bueno del cine es que puedes sacar esa violencia y hacer que el espectador se excite. La peor es la que tenemos delante todos los días. El trato de la intransigencia, de la ira, del ansia de venganza que ya se ha convertido en cotidiana. Quizá mostrándola seamos capaces de superarla.

-Todos estos pecados, ¿son también los de la clase política?
-Creo que España sigue siendo políticamente un país muy intransigente. Hay que respetar la opinión del otro, cosa que no hacemos nunca.Tenemos que estar convencidos de que hay que llegar a un acuerdo, pero hay gente que no quiere porque vive de eso, les da motivos para seguir en su puesto de trabajo o en sus vidas tal y como son. Al fin y al cabo, la clase política es una versión grotesca de cómo nos comportamos. No existen ejemplos que seguir, no hay nadie sensato.

-Ha presentado su película a los Goya. ¿Cómo se siente al ser también el presidente de la Academia?
-Lo llevo fatal. No quería mandarla, pero el equipo y la producción me presionó y tuve que ceder.


Lo siniestro
Un noche, en Barcelona, Álex de la Iglesia compartía dry martinis con Carlos Areces y Carolina Bang. De pronto, surgió la idea: un payaso asesino. A partir de este concepto comenzó a fraguarse la película: posguerra, venganza, pasión... Sólo faltaba un título, y el director recordó la balada de Raphael: «Era perfecta para el filme». El cantante no sale en la película, «pero prestó su total colaboración. Él mismo dobló su canción, lo que supuso el pistoletazo de salida de la producción», asegura De la Iglesia. «Raphael es todo un símbolo. Ha conseguido sobrevivir al paso del tiempo porque es lo suficientemente
listo como para saber reírse de sí mismo, y, además, ver el lado siniestro de las cosas». No le faltan caras míticas al filme: Terele Pávez, Fofito, Enrique Villén, José Manuel Cervino y
Sancho Gracia, entre otros más jóvenes, como Santiago Segura y Antonio de la Torre completan el reparto.