La inseguridad pasará factura a Hugo Chávez

Luis Álvarez reza absorto desde que despuntó el sol ante la tumba de Ismael Sánchez, una de las más concurridas del gran cementerio del Sur de Caracas. Al igual que el resto de los presentes, no es pariente del difunto ni lo conoció en vida, pero ante la curiosa imagen de cerámica de unos ochenta centímetros que representa al fallecido con gafas de sol, gorra de medio lado y un revólver en la cintura, este joven se postra de rodillas para rogarle

Luis cumple el ritual, le pone un cigarro encendido en la boca, le ofrece velas y flores, le echa el humo del puro que está fumando y rocía su tumba con anís «del bueno».
«Ismael, protégeme». El joven se refiere al que será, según él, su último robo antes de dejar el mundo del crimen que castiga la barriada de Caracas donde vive.

En Venezuela, con 16.000 muertes violentas cada año, lo que supera la violencia de México, Honduras o Irak; la creciente inseguridad y la falta de respuestas concretas por parte de la Policía y la Justicia hacen que muchos venezolanos se refugien en un mundo invisible buscando una protección que ellos creen más eficaz.

Sólo en Caracas, donde medio centenar de personas muere violentamente cada semana, Petare se ha convertido en el barrio más peligroso de Iberoamérica. No es de extrañar que la violencia, y la nefasta situación económica, sea uno de los temas centrales de las elecciones parlamentarias de hoy.

Las urnas de este domingo son la primera oportunidad que tiene la oposición de regresar al Parlamento, después de su inútil boicot a las elecciones de 2005. Y el Gobierno de Chávez necesita mantener su actual hegemonía parlamentaria que le garantice, como hasta ahora, la aprobación sin obstáculos de las leyes que llevarán a Venezuela «hacia el socialismo del siglo XXI».

Por eso, en esta pugna, la siniestra reputación de Petare traspasa las fronteras nacionales. En sus callejuelas empinadas y cubiertas de basura, con casuchas de ladrillo y hojalata, se cometen una decena de homicidios cada fin de semana, según cifras de la Policía Municipal.

Si la revolución «bolivariana» va a traer la prosperidad a las clases más desfavorecidas, Petare hubiera sido el escenario perfecto para mostrar los triunfos del chavismo. Y, sin embargo, Petare, la mayor favela del continente americano, es antichavista.

Aquí, un joven político de la oposición, de 37 años, llamado Carlos Ocariz, que basó su campaña en paliar la inseguridad de la barriada, se ha convertido en el nuevo alcalde.

«La fuerza del pueblo triunfó, Petare habló. Recibo este apoyo con muchísima humildad, es un reto lo que tenemos de aquí en adelante. Tenemos que trabajar para todos a pesar de las diferencias», decía el alcalde a LA RAZÓN.

«El problema de la inseguridad en Venezuela es viejo y se debe a la ausencia del Estado en muchas zonas populares, que se convierten en una selva donde nadie intermedia en los problemas y los conflictos se resuelven con violencia», nos explica Luis Vicente León, director de la consultora Datanálisis. Según este experto sociólogo, la llegada de Hugo Chávez al poder, tras ganar las presidenciales de diciembre de 1998, trajó consigo un aumento de las armas en los barrios pobres. Chávez pretendía sembrar las bases de un ejército paralelo, formado por ciudadanos comunes y reservistas a los que podría acudir en caso de una rebelión militar. Pero las consecuencias del «experimento» han sido terroríficas. Nunca una ciudad, un país, vio deteriorarse la seguridad de manera tan tremenda e imparable.

Pero, ahora, Chávez no responde. No sólo ha extendido un manto de silencio informativo y estadístico sobre la realidad de la violencia, sino que ni siquiera lo plantea en su programa electoral. Porque la sola promesa de que lo va a resolver le convertiría en responsable del fracaso.


A la oposición le vale el empate técnico
Chávez necesita la mayoría absoluta para garantizar el futuro de su proyecto y la oposición sigue limitándose a luchar por recuperar escaños. Sin embargo, el panorama de estas elecciones será distinto: por primera vez la oposición venezolana está unificada en la Mesa de Unidad Democrática. Algunos sondeos muestran un posible empate técnico entre el «chavismo» y la coalición opositora, pero todo indica que el partido en el poder continuará siendo mayoría y la MUD podría acaparar un tercio del Parlamento, lo que supondría el fin de la libertad de Chávez para aprobar leyes a su antojo.