Irán «invade» Irak y respalda un Gobierno títere con Al Maliki

Con la retirada de las tropas estadounidenses de Irak aún caliente, el frente más islamista de Oriente Medio, capitaneado por Irán, ha fraguado en la sombra una alianza de Gobierno para controlar el futuro de la inestable república mesopotámica, que es clave para el equilibrio geoestratégico en toda la zona.

El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki
El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki

Según los planes que revelaba ayer el diario londinense «The Guardian», la república islámica, con el acuerdo de Siria, la milicia libanesa Hizbulá y las más altas autoridades del islam chií han formado una unión con el primer ministro en funciones de Irak, Nuri al Maliki, y el clérigo radical chií Muqtada al Sader. Con este pacto, que aleja al país de la influencia occidental, Al Maliki renovaría su liderazgo pese a los siete meses que han transcurrido desde las elecciones y en los que las fuerzas políticas del país han sido incapaces de formar un gobierno, ni siquiera de coalición.

Visita oficial

La visita que ayer inició Al Maliki a Irán, unida a la que hizo la semana pasada a Siria, refuerza la verosimilitud de la alianza iraquí con los países musulmanes más radicales. Un acuerdo que, además, posiciona a Irán como una potente cortapisa de los intereses de Estados Unidos en Irak, en un momento en el que los norteamericanos pretenden cambiar su relación de un paternalismo militar a algo más parecido a una ayuda civil.

Según la información obtenida por el diario británico, que cita a altos mandos iraquíes, Irán ha aprovechado el vacío político (sin un Gobierno formado desde las elecciones del pasado marzo) que dejó en septiembre la retirada de las últimas tropas de combate de Estados Unidos para mover sus hilos diplomáticos en Irak. «Los iraníes han esperado su momento. No iban a dejar a los americanos la satisfacción de irse con una buena nota», cuentan las fuentes citadas por el diario británico.

Apenas unos días después de la retirada estadounidense, Teherán pidió a Al Sader, que vive en un exilio autoimpuesto en la ciudad iraní de Qom, que reconsiderara su vehemente oposición a Al Maliki. El partido de Al Sader en Irak se había hecho con el 10% de los 325 escaños que había en juego en las elecciones de marzo, lo que le convertía en la pieza clave para formar o vetar cualquier coalición de Gobierno.

Contacto con Hizbulá

Tras este impulso iraní, los hombres del Al Maliki en Irak insistieron al líder chií con la intermediación también de varios altos cargos de Hizbulá. Al mismo tiempo, Ahmadineyad aprovechó una visita a Siria para convencer a su presidente, Bachar Al Asad, de que cambiara su opinión sobre Al Maliki. Ambos presidentes llevaban 15 meses sin hablarse, después de que Maliki acusara a Assad de dar cobijo a terroristas que atentaron en Bagdad durante la campaña electoral.

Según las mismas fuentes, la firma del acuerdo de retirada de las tropas americanas entre Bagdad y Washington también fue supervisado por el líder de Hizbulá, Hasan Nasralá, que consiguió la confirmación de Bagdad de que no habría ninguna presencia estadounidense más allá de 2011.

Así, la alianza de un posible Gobierno iraquí con los sectores árabes chiíes más próximos al régimen islámico de Teherán amenaza con volver a inclinar la balanza de Oriente Medio hacia el islamismo más radical. Y echa por tierra todos los esfuerzos por democratizar Irak.