Premios Campoamor una fiesta discreta para tiempos difíciles

La Razón
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Parecen haberse tomado tan serio que los Premios Líricos Teatro Campoamor son los Goya de la ópera que esta vez se celebraron en el mismo fin de semana que los galardones cinematográficos. Tocaba revistar la temporada anterior, donde los recortes aún no habían dañado tanto la programación operística; aun así, la ceremonia fue moderada, en consonancia con los tiempos que corren. Emilio Sagi, que volvió a hacerse cargo de la dirección, impuso su blanco, ya clásico, en la escenografía, que fue alternando con diversos colores, sobre todo el azul. En la primera parte del espectáculo explotó la vena cómica de las cantantes-presentadoras Sabina Puértolas y María José Suárez, trufado con intervenciones de Luis Varela, todo solvencia como actor cómico y también como actor-«entonante», como él se define.

De Bieto a Boadella
Los primeros bravos los cosechó ayer Jorge de León tras «E lucevan le stelle», de Tosca, premio al mejor cantante revelación. La más generosa fue María José Montiel, mejor cantante femenina, que no cantó Carmen, si- no el aria de «La favorita», «Oh mon Fernand». El menos dadivoso fue Mariusz Kwiecien, mejor cantante masculino por su «Rey Roger» en el Real, coso que también se hizo con el de dirección musical, a Cambreling por «San Francisco de Asís», que se estrenó en el Madrid Arena. Muy afinada la comparecencia del premiado por la zarzuela, Mikeldi Atxalandabaso. Hubo un recuerdo para «nuestros compañeros del Liceo que lo están pasando un poco mal». Lo dijo Sagi tras entregar el galardón de mejor director de escena a Bieito por «Carmen». Boadella y los Teatros del Canal recibieron el de mejor producción del ejercicio por «Amadeu». La guinda la puso un torero Raimondi que, muleta en mano, interpretó «To- reador» para agradecer la distinción a toda la carrera. Cerró el brindis de La Traviata por los premiados, por los 120 años del Campoamor y por el futuro de la ópera pese a los nubarrones.