OPINIÓN: En familia

La Razón
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Pocas veces se ha estado tan protegida en esta casa como ayer, porque, a qué negarlo, el éxito de una convocatoria política o económica se mide por el número de guardaespaldas por metro cuadrado, y ayer había muchos. Eso dice mucho de Esperanza Aguirre, que protagonizó una imagen que si no fue una imagen inusual sí que fue excepcional, por cuanto Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón se apretaron las manos como pocas veces se les ha visto y se inclinaron algo trémulos –el respeto es lo que tiene– para hablar con Manuel Fraga, presidente fundador del PP, que ayer quiso estar en esta casa para oír a una de sus pupilas, que como bien dijo Alfonso Ussía, junto a Ruiz-Gallardón tiene acongojados a los socialistas madrileños. Pero Fraga no fue el único que quiso arropar a Aguirre. El salón parecía una convención oficiosa de los populares y, al mismo tiempo, una reunión de familia. La madre de Aguirre, Piedad Gil de Biedma, asistió para escuchar a su hija, así como su suegra, Beatriz Valdés, su hijo Álvaro, sus hermanas, Rocío, Piedad y María, su tía María Luisa y su prima Nati.

Si extensa es la familia Ramírez-Aguirre, no es menos la que forman los compañeros de partido. Mariano Rajoy llegó junto a la secretaria general, María Dolores de Cospedal, y Jórge Moragas. Inciso: desde que Moragas está tan cerca de Rajoy, o eso parece y debe ser, se ha despojado de un complemento muy aplaudido por los «plumillas» por aquello de que siempre te alegraba una crónica: una mochila de explorador urbano que le pegaba poco con el uniforme de político, pero le daba un toque casual. Pues la mochila ya no existe o al menos no la muestra; todo lo contrario de Ruiz-Gallardón, que ha hecho de su coche híbrido ecológico con el que pretende dar ejemplo aunque hay pocos madrileños que le tomen el relevo. El alcalde también se rodeó de parte de su equipo con Manuel Cobo y Ana Botella a la cabeza que tuvo tiempo y oportunidad, no era fácil con la gente que había en la sala, a su hijo, José María Aznar Botella. A Rajoy y a De Cospedal le esperaba a las puertas de esta casa una Soraya Saénz de Santamaría que combatía el frío con una sonrisa, al igual que Ana Mato.

También acudieron varios miembros del gabinete de Aguirre, como Ignacio González y Lucía Figar, y compañeros de gabinete del primer gobierno de Aznar, como Javier Arenas, Josep Piqué, José Manuel Romay, Miguel Ángel Rodríguez y compañeros muy queridos por la presidenta de la Comunidad de Madrid como Ángel Acebes, Eduardo Zaplana –con unas gafas al cuello, que lo mismo sirven para ver como para que te vean, dada la prestancia que tienen–, Federico Trillo o Pío Cabanillas.

Un escurridizo Emilio Butragueño se anticipaba a su presidente, Florentino Pérez –Enrique Cerezo, ¿dónde estabas para hacer la fotografía previa al derbi?–, que saludó al vicepresidente de la CEOE y presidente de la CEIM Arturo Fernández.

Por iniciativa de Ussía, Esperanza Aguirre fue muy aplaudida al principio y mucho más al final. Por coraje político y personal. Habló de por qué está en la política. Es poco amiga de meterse en jardines verbales y ayer tampoco cayó en esa tentación a la que son tan propensos otros políticos. Entre los encuentros últimos, uno sentido con Antonio Mingote y su esposa Isabel, a los que les acompañaba Laura Valenzuela, que miraba con una mirada entre ingenua y sagaz el baile de encuentros políticos, que ayer no hubo lugar para los desencuentros.