Mi receta feliz

La Razón
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En la literatura, se puede decir que una receta es como un Haiku, que no es otra cosa que una poesía sintética capaz de conculcar a la vez el camino de doble flujo entre el pensamiento y la armonía. «No sigas las huellas de los antiguos / busca lo que ellos buscaron» (Matsuo Bashoo). O este otro de: «Si en el crepúsculo / el sol era memoria / ya no me acuerdo» (Mario Benedetti). Me van a permitir que no me olvide de este otro, también del uruguayo universal...«Lo peor del eco / es que dice las mismas / barbaridades».

Ya sé que no se pueden dar recetas para todas las personas, pero en la terapéutica universal de los clásicos, siempre se habla de gastar zapatos y de que nuestra salud cierta está en el plato. Después de tratar en el ámbito de la comunicación todo tipo de axiomas, me quedo con una receta fundamental para la felicidad, es aquella que dice que «hay que ser en las mismas proporciones egoístas y altruistas». Es decir, tener siempre un gran proyecto personal y en la misma medida hacer algo importante por los demás, o sea, altruistas, solidarios, seres humanos inmersos en el tú a tú del humanismo más universal.

Con todo, cuando a usted le den una receta y se vaya a la farmacia, sea por cuenta pública o de financiación privada, no olvide nunca, se lo ruego, que usted deposita encima del mostrador de un educador para la Salud, de un elemento sencillo pero esencial en la trasmisión del conocimiento, una joya de las Ciencias Biomédicas. El último eslabón de una cadena sanitaria que lleva funcionando desde que la Medicina tiene Historia.