De la Vega: «Uno siempre está con las maletas hechas»

La ya ex vicepresidenta primera agradece a Zapatero «compartir con él estos intensos años de trabajo»

Durante el día de ayer, Teresa Fernández de la Vega continuó recibiendo el reconocimiento a su brillante gestión
Durante el día de ayer, Teresa Fernández de la Vega continuó recibiendo el reconocimiento a su brillante gestión

MADRID- Trató de contenerse en todo momento. Sabía que la de ayer era su última intervención como vicepresidenta primera del Gobierno después de más de seis años y medio y su cara lo decía todo. María Teresa Fernández de la Vega llegó con cierto retraso a su última rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa. Quizás por eso, porque era la última, la de la despedida. Ante una sala abarrotada de periodistas, la ya ex portavoz del Ejecutivo intentó no borrar la sonrisa de su cara ni un segundo y aguantar unas lágrimas que a punto estuvieron de hacer acto de presencia en más de una ocasión. Apenas diez minutos duró su emotiva intervención. Diez minutos en los que recordó, felicitó, confió y agradeció. Mucho y a muchas personas dio las gracias.
Ya con sus primeras palabras trató de quitar hierro al hecho de que el presidente del Gobierno no cuente con ella en esta nueva remodelación del Ejecutivo: «Habrán reparado en que hoy –por ayer– no es viernes y es obvio que no voy a darles cuenta de los acuerdos del Consejo de Ministros». «Hablar es fácil. Acertar a decir lo que se piensa ya no es tan sencillo, pero si se trata de expresar lo que se siente, y es tanto lo que se siente, ahí empiezan las dificultades». Su voz comenzaba a entrecortarse pero su sonrisa se mantenía fija en su rostro.
El primer mensaje que mandó fue el de agradecimiento. «Es mucho lo que tengo que agradecer y muchas las personas a las que quiero dar las gracias». De la Vega nombró a Su Majestad el Rey, a la Familia Real, y al presidente del Gobierno. A los primeros, porque «siempre me han trasladado su afecto», mientras que del jefe del Ejecutivo dijo que «ha sido un auténtico honor y un privilegio compartir con él estos intensos años de trabajo, de ilusión con un proyecto comprometido, de ciudadanía y de progreso, que siempre ha merecido y merece la pena, incluso en los momentos más duros».
No se acordó únicamente de ellos. «Es imposible nombrarlos a todos», dijo. Mostró su agradecimiento a los demás miembros del Gobierno, a sus colaboradores, a los alcaldes, presidentes autonómicos, sindicatos, empresarios, instituciones, periodistas... «porque han hecho mi tarea más fácil».
Pero, sobre todo, quiso dar las gracias a los ciudadanos españoles: «Por ellos y para ellos he trabajado y seguiré haciéndolo. Su afecto y sus críticas –continuó– me han ayudado. Que sepan que han sido mi guía», dijo, sin perder la entereza y con las lágrimas a punto de brotar.


«La primera» en el Consejo
Miró hacia atrás y recordó que ella fue la «primera mujer en presidir un Consejo de Ministros». Habló de igualdad, de la lucha de las mujeres para «abrir el camino» y de los méritos de Rodríguez Zapatero en materia de paridad.
Su discurso llegaba a su fin y comenzaban las ansiadas preguntas de los informadores, pero, en un día como el de ayer, sólo iba a permitir un par. Entonces, De la Vega quiso resaltar que no le produjo sorpresa alguna la decisión de Rodríguez Zapatero de apartarla de su cargo después de tantos años a su lado. «Cuando se forma parte de un Gobierno democrático uno siempre está con las maletas hechas», comentó mientras hacía hincapié en que «son las juegas del juego democrático».
Según dijo, fue el pasado domingo cuando trató el asunto con el presidente y habló en todo momento de «normalidad». Incluso tras su comparecencia comentó a los periodistas que ella misma había instado a Zapatero a llevar a cabo modificaciones en su equipo de Gobierno. Eso y que tuvo la oportunidad de hablar tanto con Jáuregui como con Rubalcaba, sus sustitutos.
Entre besos, abrazos, deseos de suerte y algún que otro aplauso más se despedía De la Vega, la primera vicepresidenta saliente que convoca una rueda de prensa 24 horas después de conocerse oficialmente su marcha, algo que no era para menos vista la expectación generada y el calor con el que despidieron a una política de tal calibre que han sido necesarios dos repuestos para encargarse de sus funciones.



Rosas rojas y una sala abarrotada
- Su última comparecencia como vicepresidenta provocó que la sala de prensa de La Moncloa se quedara pequeña. Su llegada ya causó gran expectación, pero fue al término de su intervención cuando un sonoro y largo aplauso lo envolvió todo. Lo arrancaron sus propios colaboradores y los periodistas allí presentes lo secundaron. Y fue en ese momento cuando los reporteros gráficos que se encontraban allí obsequiaron a la ya ex portavoz del Ejecutivo con un ramo de rosas.