Algo mágico por Nacho Vegas

Mi encuentro con la obra de Leonard Cohen fue una cosa extraña. Tenía 15 años cuando mi padre me pidió que le grabara en una cinta casette su primer disco, «Songs of Leonard Cohen», que teníamos en vinilo.

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Escuché aquella cinta antes de dársela y me pareció un aburrimiento tremendo. Mi padre murió poco tiempo después, cuando yo tenía 19. Estaba recogiendo las cosas de su casa y me encontré esa cinta por casualidad. La puse y fue toda una revelación. En un momento extraño para mí sentí algo especial. Lo entendí todo. Sólo oír los primeros versos de «Suzanne» y ya está: «Este tío lo tiene. Algo grande, algo mágico», pensé. Sigo escuchando sus canciones porque hay versos a los que vuelves y parece que los escuchas por primera vez. Aunque pueda parecer tópico, tiene algo místico, desprende una energía que sientes al verlo en directo entrar en el escenario. Es capaz de unir lo más cotidiano con lo más espiritual sin que chirríe y crear de ahí algo increíble. Ha demostrado que la poesía, la de Lorca, al que admiraba, y el rock, son manifestaciones que pertenecen a la cultura popular. Dos místicas que se mezclan en su obra.