La izquierda inquisidora

La Razón
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Nadie discute que, el movimiento del 15-M, surgido a golpe de internet ha roto muchos esquemas y ha provocado un auténtico revolcón en una sociedad abotargada desde hace años por la comodidad, por la opulencia económica y por una ficción que de pronto han saltado por los aires; en parte por la crisis económica internacional, en parte por la ineptitud del Gobierno español por no saber ahorrar en los momentos de prosperidad a la espera de la llegada de las vacas flacas. Lo cierto es que el 15-M ha roto muchos argumentarios políticos provocando un desconcierto generalizado, simplemente porque muchos quieren analizar el movimiento como una foto fija desde su arranque, cuando es una foto en constante movimiento.
Nada tienen que ver las asambleas interminables de la acampada de Sol, con los ataques a las Cortes Valencianas o al Parlamento de Cataluña o los zarandeos a políticos como Ruiz-Gallardón o Cayo Lara. Pero todos tienen el mismo origen. Algunos se empeñan en insistir en que este movimiento es pacífico. De acuerdo, pero los hechos demuestran que cuando una iniciativa no tiene cara y ojos, no se puede pretender apuntarse sólo a lo bueno, bonito y barato y descabalgarse de lo turbio o violento. El 15-M, que fue encumbrado por los medios de comunicación, tiene que entender también que los medios tienen derecho y obligación a criticar las acciones que se salgan de las normas democráticas.
El 15-M ha intentado demostrar el pasado domingo que son pacíficos. Lo hacían como si fuera un examen. Pero esto no es un examen. Hay que demostrarlo todos los días. Aunque sin duda, la marcha del 19-J lo que ha dejado en evidencia es la falta de cuerpo ideológico del movimiento. Gritar contra la caída del capitalismo o la maldad de los bancos suena a antiguo, con una fuerte carga de naftalina. Es como volver a las asambleas de la Universidad con los grises en la puerta; pero ahora ni hay grises, ni la Universidad es la cuna de las revoluciones.
A todo esto, nos encontramos de pronto que llega la izquierda, perdida y hundida después del 22-M y que quiere apropiarse del movimiento como si fuera la solución a un durísimo batacazo electoral. El 15-M tendrá lo que tenga pero desde luego no será nunca el salvavidas de una izquierda inerte y perdida ideológicamente. Por eso no se entiende a aquellos que de forma inexplicable se han lanzado contra el diario LA RAZÓN al decir que la foto de portada de ayer lunes estaba manipulada. Cualquier profesional sabe que no es así. La portada de LA RAZÓN era una imagen panorámica de la plaza de Neptuno, clara y nítida. Otra cosa diferente es que la izquierda, inquisidora rabiosa y desorientada, ahora se dedique atacar a los medios que mantienen una actitud crítica y sosegada sobre la actualidad. Es una pena. Y flaco servicio hacen al 15-M, que desde luego no tiene carácter redentor de nada, ni de nadie.