Rubalcaba vuelve a instalarse en la Moncloa

Asegura que «quedan muchos días para mejorar la vida de los ciudadanos» y promete «austeridad y reformas»

De la Vega y Rubalcaba, ayer, durante el traspaso de carteras
De la Vega y Rubalcaba, ayer, durante el traspaso de carteras

MADRID- El vicepresidente primero y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, recibió ayer de su antecesora, María Teresa Fernández de al Vega, la cartera que le acredita como número dos del Ejecutivo de Zapatero. Tras prometer su cargo ante el Rey en Zarzuela, y en una sala atestada de compañeros de gabinete y de partido y trabajadores de Moncloa, Rubalcaba subrayó la importancia de la acción del Ejecutivo y garantizó que «a este Gobierno le quedan muchos días para mejorar la vida de los ciudadanos».
 En este contexto, dejó claro que el nuevo Gobierno mantiene los objetivos del anterior, la recuperación económica y la creación de empleo, y advirtió que conseguirlos exige reformas, explicar a la sociedad que tiene que asumirlas para que funcionen, austeridad y cohesión social.
Esas serán sus señas de identidad junto al trabajo constante, por lo que ha advertido en tono de broma a los funcionarios que los horarios serán los mismos que antaño, aunque el teléfono dejará de sonar cuando haya partido de fútbol.
Con sus nuevas responsabilidades de vicepresidente primero y portavoz del Gobierno, manteniéndose también al frente de Interior, Rubalcaba –con el objetivo de lograr el fin de la banda terrorista ETA– se convierte de nuevo el hombre fuerte del Ejecutivo, como ya le ocurrió en el último que presidió Felipe González.
Se sitúa así sólo por debajo de Rodríguez Zapatero, e indirectamente como el mejor posicionado para la sucesión en el caso de que el presidente no repita como candidato. Desde hace meses es, junto a José Blanco, el principal interlocutor del presidente del Gobierno, por lo que podría haber tenido una implicación personal en la elección de los cambios producidos en el Ejecutivos.
Tuvo un papel esencial en la campaña de las elecciones generales del año 2004 que devolvió a los socialistas a La Moncloa ocho años después y dando un vuelco a las encuestas tras los atentados del 11-M. Ya con Zapatero en el Gobierno, su primera misión fue afianzar el poder del PSOE en el Congreso ejerciendo como portavoz socialista. Miembro del Ejecutiva Federal del PSOE, nunca ha dejado de lado los asuntos internos del partido. Su última implicación finalizó en fracaso cuando tomó partido de manera personal por Trinidad Jiménez.