Pedro Almodóvar: «Me molesta que califiquen a la gente como roja o facha»

El director estrena este viernes su nueva película, «La piel que habito», protagonizada por Antonio Banderas y Elena Anaya

Banderas y Anaya, en el estreno de la cinta
Banderas y Anaya, en el estreno de la cinta

-«La piel que habito» es una de sus películas más oscuras. Su vida transcurre ahora en su casa, alejado del jaleo de la noche madrileña. ¿Cómo afecta su nueva vida a su obra?
-Las decisiones que tomas afectan al tipo de historias que cuentas. El tipo de vida que hago ahora mismo es muy distinta a la de los ochenta, y mis películas no se parecen en absoluto. En efecto, mi vida transcurre más dentro de casa que fuera, lo que significa una mayor introspección. En los ochenta estaba siempre dentro de un grupo grande y a mi casa iba exclusivamente a dormir y, a veces, ni eso. Por otra parte, de todos los géneros cinematográficos, el negro es uno mayor que ha dado grandísimas obras maestras. Me apasiona en mi madurez, y he llegado ahí por vocación, como he alcanzado todo en mi vida.

-La película tuvo su primera puesta de largo en Cannes. ¿Le sorprende que algunos medios conservadores la recibieran con mejores críticas que los de izquierdas, por otra parte, más afines a su ideología?
-En general, en todos los aspectos de la vida, y, en concreto, en lo que concierne a la reacción de mis películas en los medios de comunicación creo que tienen que ver más con las personas que escriben que con la ideología a que se circunscribe el medio en sí. No me sorprende. Soy de izquierdas pero también soy una persona abierta. Tengo todo tipo de amistades y no mido nunca a las personas por su ideología. Me estaría equivocando. De hecho, me molesta el hecho de calificar a la gente como «rojo» o «facha». Son adjetivos que no quiero utilizar nunca y que no me gustan que la gente los utilice, pertenecen a otra época. Las personas están por encima de las ideologías y las relaciones con ellas también. No sólo ahora, también durante el peor momento de la Historia de España, la Guerra Civil.

-Sin embargo, en una entrevista con «The Telegraph» lamenta sentirse «crucificado por media España» cada vez que se refiere a cuestiones políticas.
-Para mí es más sencillo pronunciarme fuera, porque hay menos implicaciones. Aquí todo el país está dispuesto a reaccionar sobre lo que diga, y se multiplica de un modo estentóreo. Es lo que se denomina crispación. Todos tenemos que estar más tranquilos para escuchar y reaccionar. Veo que cuando firmo un manifiesto o expreso mi opinión ante determinados acontecimientos, siempre aparezco el primero y hay un montón de gente que me ataca. Desgraciadamente, España está cada vez más polarizada. Mi mensaje es el contrario: estamos conviviendo, en esta ciudad hay gente que opina de modo opuesto, pero no vamos a cambiarnos de casa.

-¿Cree que el espectador actual está libre de prejuicios para ver su cine?
-Los que conozco personalmente no tienen prejuicios... Si los tienen, mejor que entren al cine con ellos. El espectador es ideal desde el momento en el que paga una entrada y se sienta. Pero disfrutará más cuanto menos prejuicios e información previa sobre la película tenga. Yo siempre he aceptado cualquier visión de mis películas, porque todos los modos de verlas son reales.

-Banderas ha dicho de usted: «Pedro es como es. O lo tomas o lo dejas». En el fondo, habla sobre identidad, otro de los grandes temas de la cinta.
-Creo que si existe algo que perdura y es inaccesible es la identidad de la persona. Al menos, eso espero. Quiero creer que no habrá avance científico que pueda atentar contra algo intangible como la identidad de las personas. No habrá circunstancia externa por terrible que sea que pueda afectarla.

-«Átame» fue la anterior película que hizo con Banderas. Tras 21 años sin trabajar con él, ¿se queda con ganas de repetir?
-Sí, sobre todo me quedo con ganas de volver a un tono que él hace muy bien que es la comedia. En esta película quería al actor de los ochenta que se ponía en mis manos y que yo moldeaba a mi capricho con excelentes resultados, pero con un tono completamente nuevo. Antonio sigue siendo igual de crío y de gamberro en el mejor de los sentidos. En el aspecto más festivo sigue siendo la misma persona. Hay fotos idénticas de los rodajes de «Átame» y «La piel que habito». Él, mis hermanas y mi hermano me han pedido que haga otra comedia, así que voy a tener que hacerla.

-Pero hace más de dos décadas que no cultiva este género.
-Sí, desde «Mujeres al borde de un ataque de nervios», aunque con «Volver» se han reído mucho, pero, desde luego, el drama está más presente. Quiero redescubrirme en un género que ha sido muy grato. De hecho, tengo cuatro guiones sin terminar, y uno es una comedia. No sé por cuál me decidiré. Digamos que existe un 25 por ciento de posibilidades.

-Tras una larga carrera, ¿sigue esperando su obra maestra?
-No sé siquiera si voy a hacer una... Cuando abordas un rodaje no piensas «voy a hacer una obra maestra», sino en problemas más concretos y prosaicos, que son muchos. Lo que más me importa es si me reconozco dentro de esta película, no sentirme ajeno a mi obra. Y después ver si el resultado final se corresponde con algo tan abstracto como un guión. Mi vida se confunde absolutamente con mi carrera. Al cine del futuro le pido que no pierda la pasión por contar las historias que he contado hasta ahora. Tampoco hay obras maestras incontestables, ¿eh? Siempre hay algo que no te gusta de películas maravillosas.

-La difusión de la cultura vive momentos difíciles a causa de la «piratería». ¿Qué opina de este fenómeno?
-Existen aspectos relacionados con internet que son importantísimos. Y otros muy negativos. No puede ser que mi película se ofrezca ya en la red. Esa regulación sólo se puede hacer desde el Gobierno, y hasta ahora ha habido miedo para articular una ley. Quiero pensar que habrá sentido común para legislar esta situación porque, de momento, todo tipo de autor está con el culo al aire. Legalmente, no se nos proteje.



banderas y anaya, a sus órdenes
Si en algo coinciden los dos protagonistas de «La piel que habito» (en la imagen, ayer, en Madrid, durante la presentación de la cinta) es que trabajar con Almodóvar supone seguir unas directrices muy claras. «No nos peleamos, se trata simplemente de trabajar, y Pedro me pidió mucha contención, algo que, en un principio me resultó muy complicado. Te pide que te desnudes y te pongas en sus manos, y, para eso, hay que tener agallas», dice Banderas, que trabajó por primera vez con el director en 1982, en «Laberinto de pasiones», dice, sin embargo, que «ahora ha habido una resistencia mayor que antes a hacer lo que él me pedía. Pero Pedro es así: o lo tomas, o lo dejas», añade el actor. Elena Anaya, que con esta película se convierte en una «mujer Almodóvar» (había hecho un pequeño papel en «Hable con ella»), estaba algo más impresionada con el trabajo: «Un personaje tan extremo, tan difícil... es un sueño. Pero después de "La piel que habito"sigo viviendo al día, como cuando empecé». Eso sí, antes de rodar pidió consejo: «Le pregunté a algunos compañeros que ya habían trabajado con él y todos me dijeron: "Intenta no contradecirle". Él llevaba 8 años con estos personajes, así que no lo hice». explica la actriz.