La OTAN busca estrategia

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La OTAN es un tesoro que Occidente tiene pero no valora. Los mayores la recuerdan como una reliquia de la Guerra Fría, los jóvenes la ignoran. En realidad es una Alianza, la Atlántica, que se remonta a 1949, que europeos y americanos establecieron para preservar su seguridad, libertad y democracia. La fantasía de que esos valores ya no están amenazados ha llevado a la depreciación popular del pacto y su plasmación organizativa.

Contra lo que es habitual, para disuadir tentaciones hostiles y hallarse presta contra cualquier peligro repentino, los aliados crearon una organización militar permanente, una especie de Estado Mayor común, la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Nadie como ella en el mundo es capaz de montar operaciones militares colectivas, garantizar la seguridad –si los miembros lo quieren–, defender los principios en los que se basa su civilización política.

Ninguno quiere abandonarla, pero nadie está dispuesto a invertir en ella. Afganistán es un máximo, que parece estar extenuando a sus miembros, pero el fracaso en el lejano escenario sería su acta de defunción, como lo hubiera sido en el año 1999 si hubiera permitido la expulsión de los albaneses de Kosovo. Lo de entonces como lo de ahora tiene un componente de lucha por la supervivencia de la organización, como lo tiene el esfuerzo por acordar un nuevo «Concepto Estratégico», puesto que la evolución del mundo ha envejecido el anterior en el curso de una década.

Para ello, los líderes máximos se han reunido en una cumbre en Lisboa durante el 19 y 20 de noviembre. Se trata de adaptarse a las nuevas realidades estratégicas, dando respuesta a las nuevas amenazas, desafíos y peligros. Pero el peor enemigo está dentro. La ilusión de que vivimos en un mundo seguro y de que ya hemos superado ese residuo de barbarie que es la guerra, como se pensó después de la Primera Guerra Mundial, preparando así el terreno de la Segunda, sólo 20 años después. Ya hace tiempo que los norteamericanos desesperan de los europeos. Obama reducirá su interés a cero sin un serio compromiso en Afganistán. Sin ello, los demás éxitos serán relativos.