La derecha sueca acaricia su primera reelección gracias a la recuperación económica

Los comicios legislativos, regionales y municipales que se celebran hoy en Suecia marcarán un hito en su historia política, independientemente de quién sea el vencedor.

Fredrik Reinfeldt, primer ministro sueco
Fredrik Reinfeldt, primer ministro sueco

Unas elecciones históricas. Los comicios legislativos, regionales y municipales que se celebran hoy en Suecia marcarán un hito en la historia política del país escandinavo independientemente de quién sea el vencedor. Si gana la coalición de centro derecha del primer ministro Fredrik Reinfeldt, tal y como vaticinan los sondeos, será la primera vez que la derecha sueca logre ser reelegida en las urnas en un país dominado durante el último siglo por el Partido Socialdemócrata.


Hasta ahora, los conservadores, que sólo han gobernado 17 de los últimos 80 años, han llegado al poder en periodos de crisis económica en los que se han visto obligados a tomar impopulares medidas. En cambio, el actual Gobierno presenta como principal baza electoral haber conseguido que Suecia supere la recesión con uno de los crecimientos económicos más elevados de la UE. La Alianza liderada por Reinfeldt (45 años), formada por el Partido Moderado, el Partido del Centro, el Partido Liberal y el Partido Cristiano Demócrata, promete elevar la edad de jubilación hasta los 69 años, reducir a la mitad el IVA para la hostelería y promocionar los contratos de aprendizaje. Algo especialmente importante en un país que padece una elevada tasa de paro juvenil.


Por su parte, en caso de una victoria de la coalición «rojiverde» (socialdemócratas, ecologistas y ex comunistas), la líder socialdemócrata, Mona Sahlin (53 años), se convertiría en la primera mujer en encabezar un Gobierno en Suecia. Sin embargo, los sueños de Sahlin se han visto frustrados en los últimos meses ante la incapacidad de mostrar al electorado un programa netamente diferente al del Gobierno. La oposición propone bajar los impuestos a los pensionistas, reintroducir el impuesto de patrimonio para invertir más dinero en la educación y la sanidad públicas y crear 100.000 puestos de trabajo.


Si las elecciones se hubieran celebrado hace dos años, al comienzo de la crisis, la oposición hubiera barrido al Gobierno por veinte puntos de diferencia. En cambio, ahora la derecha acude a las urnas con una ventaja de siete puntos, según las últimas encuestas. En cualquier caso, no se pueden descartar sorpresas en la noche electoral habida cuenta de que 1,4 de los 7,1 millones de electores permanece indeciso sobre el sentido de su voto.


Los socialdemócratas, que acuden por primera vez en coalición con otros partidos a unas elecciones, ven con impotencia cómo su principal logro y estandarte, el Estado de bienestar, ya ha sido asumido en su discurso por la derecha como algo inherente a la identidad del país. Si ya en 2006 cundió la alarma entre los socialdemócratas al cosechar un escaso 35% de los votos, ahora las cosas pintan aún peor. Los sondeos vaticinan que por primera vez en ochenta años dejarán ser el partido más votado, que pasaría a ser el Partido Moderado de Reinfeldt. El ex primer ministro Goran Persson ya ha advertido que lograr menos del 30% de los votos sería "un desastre"para el partido, que sólo ha perdido cuatro elecciones desde 1945.


Pero si por algo puedan pasar las elecciones suecas a la historia es por el inesperado crecimiento del partido ultraderechista y xenófobo Demócratas de Suecia (SD), que, según los sondeos, puede obtener el 5,9% de los votos. De ser así, por primera vez un partido ultra entraría en el Parlamento sueco (Riksdag), que hasta ahora se había mantenido al margen de la ola populista que padecen otros países nórdicos como Noruega y Dinamarca.


El SD, que en las generales de 2006 obtuvo menos del 3% de los votos, nació en 1988 en un núcleo neonazi. Sin embargo, su líder, Jimmie Akesson (31 años), ha sometido al partido a un lavado de imagen para seducir al electorado. La formación xenófoba denuncia una supuesta invasión de inmigrantes musulmanes que roban las ayudas sociales a los suecos. En su opinión, Suecia no se encontraba en una situación tran dramática desde la Segunda Guerra Mundial. El SD, que propone expulsar del país al 90% de los inmigrantes, tiene su mayor fuerza en las zonas rurales del sur de Suecia.


La ultradrecha aspira a convertirse en la llave del futuro Gobierno si ni la derecha ni la izquierda logran la mayoría absoluta. Tanto Reinfeldt como Sahlin han mostrado su rechazo a pactar con los ultras, lo que abriría la puerta a inusuales coaliciones para gobernar. Así Reinfeldt estaría dispuesto a gobernar en minoría o a pactar con Los Verdes, mientras que Sahlin ha sugerido que invitaría al Partido Liberal o al Partido de Centro.


Aunque están aún muy lejos de la intención de voto de Le Pen en Francia o Geert Wilders en Holanda, los Demócratas de Suecia ponen de manifiesto una grieta en la tradicional imagen de Suecia como país solidario, igualitario y de acogida de inmigrantes. La politóloga Jenny Madestam advierte de que "hay un cambio general en la sociedad sueca". "Las ideas socialdemócratas están perdiendo terreno en Suecia y somos cada vez más individualistas. Los ideales colectivos ya no son tan fuertes", explica. Suecia ha perdido la inocencia.