OPINIÓN: Cristo alimento de vida eterna

La Razón
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La aspiración del ser humano es demasiado grande para ser satisfecha del todo por lo que nos dan las cosas que hay a nuestro alrededor. Todos tenemos hambre y sed de plenitud, de infinitud, de futuro, de amor auténtico. Por eso no nos conformamos con lo que encontramos delante de nosotros, y nos abrimos a lo que está por venir. Esta hambre de plenitud, de futuro, encuentra satisfacción sólo en el Pan de Vida que nos da Jesucristo. En ese pan no nos da algo, se da a sí mismo, y de ese modo se convierte en comida de la que vivimos. Es, por ello, alimento de Vida Eterna.
Escuchamos hoy en el evangelio unas palabras de Jesús invitándonos a «comer su cuerpo y beber su sangre». La comida y la bebida a la que Jesucristo se refiere es la comunión en su persona; es la participación en su destino: ser alimento y bebida para un mundo hambriento y sediento. Cristo se ha partido y derramado por nosotros -le hemos comido y bebido- para que ahora nosotros seamos pan partido y sangre derramada para los que nos van a encontrar en el día a día de la vida. Esto es celebrar Eucaristía. Es la acogida de su amor; y de este amor nuevo, diferente, plenificante, brota la necesidad de amar de la misma manera, brota la Caridad. Es por tanto obvio por qué hoy, solemnidad del Corpus Christi, es también el Día de la Caridad.
En cada Eucaristía hacemos presente el don del amor de Dios a la humanidad, la entrega de Cristo por cada hombre, la Alianza Nueva para el perdón de los pecados. Del mismo modo, en el ejercicio de la Caridad, no se trata de dar, sino de «darse» -nos lo ha repetido Benedicto XVI-, porque «quien da» de lo que tiene puede buscar otro interés o puede quedarse fuera del hecho en sí, pero «quien se da» se implica, participa, hace propio el dolor o el gozo del hermano, y llega a la raíz de su ser persona: creado para amar y para el amor, a imagen y semejanza del Creador. Este es el camino para dar vida a un mundo que no la tiene y anda triste, sin sentido, ardiendo en odios y violencias; el mismo Jesús nos lo dice en el evangelio: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
A esta hermosa y gratificante tarea se dedican, en cuerpo y alma, los hombres y mujeres de Cáritas. Benedicto XVI ha definido a Cáritas como «un corazón que ve». Sí, un corazón que ve, que oye, que late con el mismo latir de Dios. Este año la campaña de Cáritas es «Las cosas importantes se hacen con corazón». Hermano, que tu corazón no se detenga, que bombee con mayor entrega… «que vea». Eres necesario hoy más que nunca. Este mundo te necesita.
¡Feliz día del Amor!, ¡Feliz día del Corpus!


Luis Emilio Pascual
Capellán de la UCAM