Todo un ejemplo

Hay una diferencia sustancial entre jóvenes indignados y jóvenes esperanzados; entre jóvenes 15-M y jóvenes JMJ. Los primeros son pocos, pero muy activos a la hora de organizar trifulcas, campar a sus anchas sin respetar el derecho a la movilidad de las personas, quemar, quebrar, derribar y ensuciar.

La Razón
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Los segundos han sido cientos de miles que no han protagonizado ni un solo incidente; no han acampado en espacios públicos que no fueran los habilitados por la organización, no han cortado el tráfico a capricho y a traición, no han quemado ningún contenedor, ni quebrado lunas de escaparates, no han propiciado enfrentamientos con los agentes del orden, han colaborado con ellos, se han comportado de forma cívica y responsable y no han despertado la hilaridad del resto de los ciudadanos, más bien han sembrado la concordia.

En Madrid estamos acostumbrados a que se celebren miles de actos públicos en las calles a lo largo del año, sabemos por experiencia que cualquier manifestación o acto público en el que participen pocas decenas de personas deja un lastre de suciedad, de deterioro y, a veces, de violencia o posturas de fuerza.

Que la presencia en Madrid de un millón y medio de jóvenes no haya producido ningún acto reprobable, ninguna incidencia de consideración, ningún altercado, puede ser un milagro o un ejercicio de responsabilidad de unas personas que no están indignadas con el resto del mundo, sino esperanzados en que el resto del mundo se comporte de forma solidaria y cívica en cualquier manifestación o evento público.

Ejemplo para otros desalmados que pasearon de forma agresiva su laicidad, que provocaron, insultaron y se enfrentaron a las fuerzas del orden en esa Puerta del Sol que últimamente algunos colectivos se han empeñado en que se convierta en el Kilómetro cero de la intolerancia.