El septeto de Alejandría

Director: Manuel Iborra. Reparto:Víctor Elías, Antonio Resines, Enrique San Francisco, Pepón Nieto, Jorge Sanz, Pau Riba, Guillermo Montesinos, Macarena Gómez, Miranda Gas... Naves del Español-Matadero. Madrid.

Engrasada, como un grupo de amigos bien avenidos que parece pasárselo bien, la «Orquesta Club Virginia», que fue película hace ya veinte años, no suena nada mal: el viaje por el Magreb y Oriente próximo de este combo de cha-cha-chás y canciones de amor se sucede con narración ágil y libreto divertido y deslenguado, recordando por qué en su día el filme de Manuel Iborra funcionó tan bien. El mayor atractivo es ver en acción al septeto instrumental, sobre todo al cuarteto de Antonio Resines, Enrique San Francisco, Pau Riba y Jorge Sanz. Como si tiraran unos de otros, todos dan lo mejor de sí y se amoldan a personajes que les sientan como un guante. Se les unen con acierto Pepón Nieto y Guillermo Montesinos, que corroboran su conocida vis cómica, y sangre joven, sobre todo femenina, con una muy gamberra Macarena Gómez y Miranda Gas aportando talento a la rebeldía sesentera de María.

Iborra y su reparto arrancan con buen hacer sonrisas y complicidad en el público, porque en el fondo, este viaje iniciático, el del idealista Tony –se maneja bien Víctor Elías– no es una comedia pura, sino un melodrama con gags episódicos y el retrato agridulce de una profesión, la del músico de carretera.

Sería absurdo juzgar este montaje con baremos teatrales: Iborra ha vuelto a rodar una película, por más que la pantalla sea esta vez un escenario. Apoyados por proyecciones y temas clásicos de guateque –injustificable el empleo del «playback», dados los muchos momentos en que la orquesta «actúa», pero en fin–, el director firma su propio «storyboard». Eso sí, lo dibuja con gracia y ritmo las dos horas vuelan.