Pegados a la noticia

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

Hay cadenas televisivas que no están pegadas; en algunos temas, están cosidas a la actualidad. Ayer vimos en Telecinco un programa especial sobre las maldades de Isabel Pantoja, evidentemente no como profesional, sino donde la actualidad la lleva. Siempre hay peros. La primera pregunta que se te viene a la boca es cómo hace dos semanas, como se dijo, sabían que se iban a hacer públicas las peticiones del fiscal sobre el caso del lavado de dinero. Porque aunque se dejara todo a la buena suerte, no deja de ser demasiado coincidir con el día de las peticiones de cárcel y multa, además de no haberse producido esto, la certeza de que iban a llenar un programa de varias horas en prime time. También cabría preguntarse cómo se consigue de forma legal la fotocopia de unas escrituras de compraventa privadas. El planteamiento fue, como en todo drama que se precie, que tiene que haber una mala y, a ser posible, que sea malísima. Vamos, que la bruja de Blancanieves a su lado sea Teresa de Calcuta. No hace falta decirle que la megamalísima fue Isabel Pantoja. La figura invitada, Maite Zaldívar; a la que casi todos los contertulios le encontraron eximentes en sus posibles delitos. Se llegó a poner sobre el tapete especulativo que el romance de la artista y Muñoz viene de hace veinte años. El argumento para esta teoría es que en una gala que Isabel ofreció en Marbella en 1990, Julián, entonces camarero, fue el encargado de entregarle un ramo de flores. Puestos a desatar la fantasía más truculenta, podría presentarse la historia así: Pantoja mira al florido camarero; le ve en los ojos un no sé qué; con su percepción casi de bruja se da cuenta de que Julián apunta maneras; desde entonces su obsesión sería lavarle el dinero que presumía que iba a obtener de forma fraudulenta. Como se sabe que la única forma de vencer una obsesión es caer en ella, la cantaora, pasado el tiempo, se puso a lavar billetes de 500 como una loca, al tiempo que cantaba: «Somos como dos barquitos, que se enriquecen frente al mar». Puestos a elucubrar, todo es posible en la Marbella malaya.