OPINIÓN: Mapping molestin

La Razón
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Lo gratis, en Sevilla, causa furor. Este periodista lo comprobó hace años, cuando contempló la (casi) muerte por aplastamiento de un joven que repartía, en campaña electoral, cajitas de cerillas de propaganda de un partido extraparlamentario. Terminó corrido por una marabunta de gorrones y lanzando los fósforos al aire como carnaza a los perseguidores, que se iban aplacando a medida que obtenían su botín. Por gentileza, dicen, de unos patrocinadores, se puede presenciar estos días en la Plaza de San Francisco una proyección de imágenes sobre la fachada del Ayuntamiento. En dos sesiones diarias y de balde total. O sea, que miles de sevillanos colapsan las calles aledañas durante toda la tarde para desbordamiento de la Policía Local e indignación de un vecindario que no puede acceder a sus garajes entre las 19 y las 23 horas. De cómo el lema «gobernar para todos» se pervierte al convertirse en «joder a unos cuantos». Resulta inevitable que la Semana Santa trastorne a los habitantes del centro pero este fastidio navideño era innecesario. Y no lo causa la loable intención de entretener al gentío, sino la genética tendencia a la chapuza del gobernante sevillano. Todo el mundo sabía que gratuito y masivo, aquí, son términos sinónimos. Menos ellos.