FC Barcelona

Mourinho encalla con Guardiola

MADRID-El once de Mourinho era defensivo, algo parecido a un 7-3 que oponer a un 3-7 que Guardiola no utilizó, aunque ganó, como de costumbre. A los 11 minutos, en un contraataque, el arma blanca, marcó Cristiano a pase de Benzema entre las piernas de Pinto. Dominaba el Barça, se defendía el Madrid con furia, como la que mostró Puyol cuando cabeceó el gol que nos recordó al de la semifinal del Mundial contra Alemania. Luego hubo otro, el 1-2, también de un defensa, Abidal, a pase de Messi. Lo demás, intensidad, emoción, las brusquedades habituales, las burradas de Pepe, el dominio azulgrana, la impotencia madridista y Mourinho que vuelve a encallar con Guardiola. Quedan 90 minutos en el Camp Nou, mucho tiene que mejorar el Madrid si quiere pasar la eliminatoria. 

Minutos después de las nueve de la noche, fueron oficiales las alineaciones. Guardiola no desconcertó; Mourinho, sí. Cierto que el día anterior anunció cuatro o cinco cambios. Lo que no dijo fue que iba a dar la vuelta al equipo como a un calcetín. Cabía esperar a Coentrao en el lateral izquierdo porque Marcelo celebró demasiadas comidas familiares en navidades. Jugó Coentrao en su sitio. Y a su derecha, Carvalho, desaparecido de la Liga y de la Copa por una misteriosa lesión desde el 1 de octubre. Con Carvalho al lado de Ramos, Pepe formó parte del trivote junto a Xabi y Lass. Y en el lateral derecho, otro brindis al sol, Altintop. La defensa, nueva; el centro del campo, no tanto. De no ser porque delante jugaron Ronaldo, Benzema e Higuaín, podría decirse que Mourinho, superado muy a menudo por Guardiola, colocó un autobús delante de Casillas y cifró su ambición ofensiva en el contragolpe para evitar otro baldón como el 1-3 de Liga. Sin Özil, suplente, ni Di María, lesionado como era patente, cambió la transición por el pelotazo largo.

Con estos pilares, con Mourinho «echao palante» y alineando desesperadamente para tener una coartada y poder justificar una hipotética derrota (que se produjo, 1-2), y con el Barça fiel a sus hombres, a Pinto y a su estilo, empezó el cuarto clásico del curso 2011-2012.

«Si todo el año fuera fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar», la lógica de Shakespeare. Y si cada mes hubiera un par de clásicos, muchos aficionados al fútbol terminarían por aborrecerlos. Pero ocurre que no son tantos, ocho a lo sumo este curso, y al comprobar el tamaño de su onda expansiva, porque «son la bomba», parecen pocos. Prescindiendo del prólogo y del epílogo, que fomentan debates y suministran polémicas de altura y peregrinas, cada uno es una suerte de emociones que no deja indiferente.

Los Madrid-Barça y viceversa son el fútbol, el espectáculo, aunque el juego, sometido a tácticas, marcajes y presión agobiante, en ocasiones, como la presente, no sea prodigioso. No es fácil jugarle al Madrid que plantó Mourinho, parapetado atrás, atento a la pelota y a Cristiano, el cohete de la banda izquierda, el único destino. Ronaldo recibía, se lanzaba al vacío, penetraba y chutaba, una sola vez, cuando pegó con la zurda, no fue fuerte, tampoco cerca, y Pinto le despejó el camino de la red. O como cuando cabalgaba mirando hacia la derecha por donde tendrían que aparecer Higuaín o Benzema. Cualquier otro sería una sorpresa. Pero valía, de ahí el 1-0. Enfrente, un equipo que se enredaba en la telaraña y no aprovechaba sus oportunidades, que las tuvo en el primer tiempo: un cabezazo a la madera de Alexis, un tiro de Iniesta y otro de Messi que Iker despejó a córner... Entre medias, a la menor señal de peligro, balón atrás para que Casillas lo sacara con el pie, o en plancha con la cabeza.

El Madrid se defendía bien, lograba su objetivo, ganar y no encajar, y el Barcelona no hilaba fino. Messi tenía siempre alguien encima, el exagerado Pepe, la primera tarjeta, o Lass, una lapa; y Xavi e Iniesta, el más activo, no encontraban a Cesc, desaparecido. Pero llegó el descanso, empezó la segunda mitad. Xavi sacó de esquina, Puyol entró en vuelo rasante y cabeceó con la furia que le caracteriza. Pepe ni le vio. Pepe falló, luego simuló una lesión –Iniesta echó la pelota fuera– y después pisó la mano descaradamente a Messi. Los jugadores del Barça no son ángeles, protestan hasta desesperar, pero Pepe es una lacra.

Mourinho trató de enderezar la nave al dar entrada a Özil y Callejón, se encontró con el pase letal de Messi y el remate certero de Abidal. Perdió 2-1, le hicieron dos goles sendos defensas. Guardiola volvía a ganarle la partida.

 

 

Pepe, Óscar a la zafiedad
Irresponsable, teatrero y zafio y para acabar una lesión. Éste es el resumen de la actuación de Pepe frente al Barcelona como mediocentro. En esa posición se ve desbordado y tira de faltas (y de todo lo que puede) a la mínima. A los 17 minutos, ya contaba con una tarjeta amarilla por una entrada a Busquets, de tal forma, que dejaba a su equipo temblando durante casi todo el partido por no quedarse con diez. En la segunda mitad, echó mano de lo que tantas veces se ha reprochado a algunos jugadores «culés», sobre todo a Alves, de teatro. Simuló una agresión de Cesc, quedó tendido en el suelo, cuando éste ni siquiera le tocó. El Barça picó e Iniesta terminó echando el balón fuera. Muñiz Fernández no fue presa de la farsa. Para culminar su partido, el «3» madridista fue el colmo de la antideportividad cuando, tras la falta de Callejón a Messi, Pepe, delante del colegiado, consciente de que éste mira a Callejón, pisó la mano al «10» culé. Por suerte y por desgracia, Pepe tuvo que abandonar el terreno de juego. Afortunadamente porque iba camino de la expulsión, como ya lo fuera en la ida de semifinales de la Liga de Campeones frente al Barça. Por desgracia, porque lo hizo molesto en el muslo. Y como el partido se estaba viendo en el mundo, hasta otro jugador como Wayne Rooney, que tampoco es un santo, le recriminó la sucia acción de pisar la mano a Messi. «Pepe, vaya un idiota», expresó el inglés vía twitter ante la actuación del mediocentro.