Harry Potter punto y final

El fenómeno del niño mago, que ha recaudado 4.400 millones de euros, toca a su fin. La última adaptación de las siete novelas llega a los cines, aunque su nombre todavía seguirá exprimiéndose. 

Harry Potter
Harry Potter

Se trataba de un libro para niños firmado por una desconocida escritora llamada Joanne Rowling. Llegó a la oficina del productor británico David Herman. Se colocó en la estantería de «no prioritarios». Lo primero que le llamó la atención fue el título: «Harry Potter y la piedra filosofal». Le pareció horrible, nada comercial. Pasaron los días y su secretaria le preguntó si lo podía llevar a casa para echarle un vistazo. Cuando se lo devolvió le dijo que tenía que leerlo. Y él lo hizo. Lo cogió sin demasiadas ganas, pero cuando empezó la primera página no pudo parar. Lo devoró en una sola tarde. Catorce años después de aquel día, «el fenómeno Potter» lleva recaudados 6.300 millones de dólares (4.400 millones de euros). Las siete novelas del niño mago –publicadas entre 1997 y 2007– han vendido 350 millones de copias en 200 países y han sido traducidas a 65 idiomas. El mundo de Hogwarts sencillamente ha sido una revolución, tanto para la literatura como para el cine, una fuente inagotable de hacer dinero, especialmente para los estudios británicos. Pero la magia dice adiós. Este fin de semana, «Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte II» llegará a los cines de todo el mundo. Supondrá el final de una era, un momento al que muchos comparan ya con la disolución de los Beatles.

Éxito en internet

Es difícil hacer una estimación de la repercusión que tendrá la cinta. Como apunte sólo decir que los trailers oficiales del filme –que será en 3D– ya han sido vistos por más de 73 millones de personas en internet. Las cifras ya no sorprenden al equipo, teniendo en cuenta que la primera entrega, en 2001, hizo una caja de 974 millones de dólares (680 millones de euros), la segunda cinta más taquillera de la historia por entonces, superada sólo por «Titanic». «Han sido años de intensidad, de no parar, y probablemente me voy a sentir vacío», confesó David Yates durante la presentación en Londres. El director, apenas conocido antes de que Potter entrara en su vida, recogió el testigo de Chris Columbus, Alfonso Cuarón y Mike Newell, cuando se decidió dar un giro «más oscuro» a la historia.

Pudimos reunirnos con el realizador y los actores en un hotel de la capital británica. El gran ausente fue Daniel Radcliffe, al que sus compromisos con Broadway no le permitieron estar durante la rueda de prensa. Eso sí, el protagonista de la saga no dudó en coger un avión para asistir a la premier, donde se colocó una alfombra roja de 1,2 kilómetros desde la plaza de Trafalgar hasta Leicester Square. Fue la más larga jamás vista en la historia del cine. El actor ha sabido desligarse pronto de su gran «alter ego», y sus actuaciones teatrales en Nueva York le han valido el respeto de la crítica. A través de una gran pantalla situada en el Hotel St Pancras Renaissance London –pegado a la emblemática estación de tren de King's Cross–, el intérprete dejó un mensaje para sus seguidores.

Un ambiente extraño
«Lo que más echaré de menos serán los grandes amigos hechos durante estos diez años de rodajes sucesivos», dijo. En el hotel, el ambiente era extraño. Nadie podía creer que todo aquello había terminado. Yates pidió incluso permiso a los últimos periodistas con los que se reunió para inmortalizar el momento con el móvil. Era su particular «souvenir» porque tanto los actores como los productores poco pudieron coger del mundo mágico de Hogwarts. Muy pronto se abrirá un museo con las piezas de coleccionista. Y es que, a pesar de que ya no habrá más películas ni más novelas, todo lo que rodea al niño mago se seguirá exprimiendo. Aunque para la vida de los tres protagonistas ya nada será igual. Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint han pasado de ser niños desconocidos a jóvenes millonarios con ganancias de alrededor de 48 millones de libras para «Harry» y 24 millones para sus dos amigos, fortunas que en el caso de ella se han visto incrementadas por sus incursiones en el mundo de la moda y la publicidad.

Watson es la imagen, entre otras, de Lancome y Burberry. Ha creado su propia firma de ropa y desde que se cortó el pelo a lo «garçon» se ha vuelto una incondicional de las portadas de las revistas más selectas. «Cuando terminamos de grabar no podía parar de llorar», explica. Mientras habla, cada uno de sus gestos es fotografiado por las cámaras. «Creo que Hermione (su personaje) es una mujer increíble y crecer con ella, definitivamente, me ha influido mucho. Me ha hecho una mejor persona y me ha hecho trabajar muy duro, ser más perfeccionista. Es como si me estuviera comparando con ella todo el rato. Le tengo mucho que agradecer».

Fin de carrera
Durante los últimos dos años, la actriz, de 21 años, había compaginado su trabajo con su carrera en la Universidad de Brown, pero este curso decidió cambiar de centro. Los rumores sobre acoso escolar no han cesado, pero ella se limitó a decir que quería centrarse en su faceta de actriz, aunque retomará su carrera quizá en una universidad más cerca de casa. Por su parte, Grint explicó que tenía sentimientos encontrados. De pena, por un lado, y de alivio relativo por otro, al poder enfrentarse a nuevos retos profesionales, como el que realizó el año pasado con la película «Cherrybomb», donde interpreta a un adolescente que nada tiene que ver con Ron. «Al ver una de las escenas de la última entrega de la saga me emocioné mucho. Estábamos los tres en un puente y a nuestras espaldas se puede ver el colegio totalmente destruido. Fue un extraño paralelismo con nuestras vidas, todo lo que habíamos vivido allí había llegado a su fin».

 

Las claves
LA MAGIA DEL ALCOHOL
Daniel Radcliffe, de 21 años, ha admitido en el último número de la revista «GQ» sus problemas con el alcohol en el pasado. El actor aseguró que al cumplir los 18 años se volvió más dependiente del whisky y las fiestas, pero lo dejó en agosto del año pasado y ahora prefiere quedarse en casa por las noches en compañía de su novia, identificada por la prensa británica como Olive Uniacke. «Me volví muy dependiente (del alcohol) para disfrutar de las cosas. Hubo unos años en los que estaba enamorado de la idea de vivir un estilo de vida de una persona famosa», señaló. Una imagen en estado de embriaguez le habría supuesto el final de su contrato y la pérdida de su fortuna, estimada en 48 millones de libras.