OPINIÓN: Inmigración y PP

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La orquestina socialista se ha puesto a atacar al PP a la desesperada. Como lo del doberman está muy visto y las pensiones se cobraron con más seguridad y sin congelaciones en la época de Aznar, se han inventado la calumnia de que poco más se va a exterminar a la inmigración. Con aquello de que «miente que algo queda» se acusa a García Albiol y Alberto Fernández de encabezar una limpieza étnica.
El PP ha puesto sobre el tapete una cuestión que no se puede ignorar. El ejemplo es Badalona. Se trata de comportamientos incívicos, y a veces delictivos, de grupos de inmigrantes. En el incivismo se puede incluir el no querer aceptar las normas y usos elementales de convivencia en una sociedad europea occidental, en materias como vestimenta, costumbres alimenticias, calendarios, celebraciones religiosas, etc., y luego exigir todos los servicios que esta sociedad proporciona.
Ha sido un alcalde de Unió, Vila d'Abadal, el que propuso en Vic no empadronar a los «sinpapeles». El alcalde socialista de Lleida, Àngel Ros, ha desalojado la vía pública de fieles musulmanes orantes y ha limitado lo del burka. En Italia se han devuelto a su país de origen a los gitanos rumanos. Y en Francia se ha hecho lo mismo y el presidente, a pesar de la numerosa población musulmana, ha prohibido ir con la cara tapada por la calle. El problema de la inmigración es cumplir la ley. El PP lo ha entendido perfectamente.