Un mariachi para que Europa baile unida por Manuel Coma

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Las grandes reuniones internacionales son buenas para que los líderes se conozcan y se traten. También dan lugar, en la trastienda, a encuentros bilaterales que pueden ser útiles. Naturalmente tienen que saldarse con pomposas declaraciones sobre trascendentales temas, que han sido preparadas de antemano por técnicos y diplomáticos y que con frecuencia reflejan acuerdos endebles, cuando no ficticios, de mínima o nula eficacia. El Grupo de los 20 no escapa a esta ley sino que es uno de sus máximos exponentes. Nació heterogéneo para ser más representativo, pero eso lo hace menos eficaz.

Pero tal como está el mundo, la reunión de México promete, por su temática, ser la más importante desde la de Londres en 2009. Cuando los medios, desengañados, rebajan al mínimo sus expectativas, los mercados financieros, deprimidos y asustados, esperan de la cumbre algo de coordinación global en política monetaria y medidas fiscales. La realidad es que el grupo no puede pasar de recomendaciones y pedirle que consiga hacer lo que no son capaces los 17 miembros de la Unión Económica y Monetaria Europea es peor que utópico. Les dará ánimo a los europeos para que en su cumbre de final de mes hagan lo que deban.