Carne podrida

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Hace unos días, la cantante norteamericana Lady Gaga –es rubia platino y quiere arrebatarle el trono a Madonna– apareció en una fiesta vistiendo un traje hecho con filetes de ternera. Toda ufana por la originalidad, se paseó alardeando de provocativa. Pero detrás de toda genialidad con intención de ser genial hay una idea pensada con discreción. El diseñador de su vestido se llama Franc Fernández y es posible que a estas horas esté buscando nuevos tejidos en el matadero de Nueva York para satisfacer a sus clientes, pero bien podría haber revelado el nombre de a quién le robó la idea. Se trata de la artista de origen húngara y nacionalizada en Canadá Jana Sterbak (Praga, 1954), bien conocida en España y con obra en alguna de nuestras colecciones de arte contemporáneo (por cierto, su traje se llama «Vestido de carne para una albina anoréxica»).

De todas maneras, admito que hablar de robo de ideas es una muestra de puritanismo, porque, hoy en día, en arte todo «circula» y todo está ahí para apropiárselo. Lo más llamativo, bajo mi punto de vista, es el puritanismo, precisamente, de Lady Gaga, porque su vestido de filetes de ternera estaba concebido para que fuera pudriéndose poco a poco, según la idea original de Sterbak, y para que viésemos cómo el rojo sanguíneo devenía en un verde ala de mosca, e incluso a ellas mismas revolotear felices como diamantes negros.