Música

Bruce pandemia de fans en tiempos caninos

Empieza gira europea con apenas tres cuartos de aforo

SEVILLA- Warhol dijo que la medida del lujo americano era la Coca-Cola: infalible en precio, siempre, daba igual que la compraras en Manila o en Miami, te respondía en esbelta botella y dulce. Bruce Springsteen es un icono mundial a la altura del refresco, un cantante con voz de bourbon cuya fórmula de canciones nostálgicas, vibrantes y combativas, sobrevuela el tiempo. Por eso resulta paradójico no arrancar esta crónica con el vaciado físico y emocional del artista ante los miles de fans que «no abarrotaban» el estadio de La Cartuja de Sevilla. Es como si la Coca-Cola hubiera perdido la leyenda de felicidad garantizada.

Como granos de arroz
No hubo reventas, no hubo grandes colas en los túneles de acceso, el despacho de localidades funcionó incluso con el concierto a punto de empezar, y las casetas de camisetas estaban a la espera de clientes. Esta es la crónica de cómo un generoso Springsteen eligió uno de los países mas castigados por la crisis para comenzar su tournée por el continente y después de hablar tanto de ella, de la crisis, se encontró con algo más de la mitad del recinto. Una pandemia de fans y seguidores que ante el silencio de la promotora de esta ruta española habrá que ir confirmando en las estaciones de Las Palmas (mañana), Barcelona, San Sebastián y Madrid (en los próximos días). El músico incluso leyó en español unas palabras de apoyo a los españoles que se han quedado sin trabajo y sin casa.
El gran escenario estaba situado en el centro del campo de fútbol, pero ni la totalidad del césped se llenó ni tampoco el fondo. Las tribunas laterales, soleadas y vacías hasta el primer tiempo del show, se presentaban en su parte alta con espectadores desperdigados como granos de arroz en una alfombra. Allí, en esa zona del estadio, un billete superaba los noventa euros. Recuérdese que Springsteen ha hecho de la lucha contra los responsables de la situación económica el eje argumental de esta gira. De España dijo que «estaba sumida en una profunda depresión», y fruto de este pronóstico el concierto se enfrentó a la asistencia mencionada. Pasados 25 minutos de la hora prevista, Springsteen compareció sonriente en el escenario con toda su banda embutido en un chaleco negro combinado con unos vaqueros y una camisa gris y agarrado a su Fender Telecaster. El escenario estaba flanqueado por una bandera española en la parte superior izquierda y en la derecha una americana, símbolos de ese concepto de globalización feliz que trata de exponer Springsteen. Al grito de «Hola, Sevilla», la multitud reunida respondió al músico con una fuerte ovación y arrancó el espectáculo con «Bad Lands». Después se centró en los principales temas de su último disco, «Wrecking Ball», «We Take Care of Our Own», el single de este álbum, y la canción que le da título. Abrazó a sus seguidores, demostró su fortaleza física y fue soldando, una a una sus canciones como si de una sola se tratara. Resulta inagotable.