China desdibuja a Mao

El borrador del documento del Politburó elimina las referencias al «Gran Timonel». El Partido Comunista busca legitimarse para resolver los desafíos del gigante asiático

La eliminación de las referencias a Mao podría abrir una etapa de reformas profundas en China

Pekín- El Partido Comunista Chino (PCCh) prepara el terreno para el Congreso del próximo 8 de noviembre, en el que se decidirá qué rumbo tomará la segunda potencia económica mundial en la próxima década. Con las identidades del próximo presidente (Xi Jinping, el actual vicepresidente) y primer ministro (Li Keqiang, viceprimer ministro) casi garantizadas, están en juego aún el equilibrio de poderes entre las diferentes facciones del partido y los sillones del nuevo Comité Permanente del Politburó: el selecto club que gobierna el país.

Ante el secretismo que envuelve a las luchas políticas que tienen lugar tras las murallas del complejo gubernamental de Zhongnanhai, hay quien se ocupa estos días de leer entre líneas con la pretensión de esclarecer por dónde irán los tiros. El periódico hongkonés «South China Morning Post» publicó esta semana indicios de que el ala reformista estaría ganando terreno de cara al cónclave, ya que las clásicas menciones al marxismo-leninismo, al comunismo, a Mao Zedong y a su doctrina (que aún hoy se repiten como una letanía en los discursos) habían desaparecido de dos documentos preparatorios, entre ellos un comunicado de la agenciaoficial Xinhua en el cual se anunciaba una enmienda a la constitución del partido.

El «Gran Timonel», cuyo retrato domina todavía la escena en la céntrica Plaza de Tiananmen y la Ciudad Prohibida, sigue siendo reverenciado dentro del partido por una pequeña minoría, entre ellos algunos partidarios del purgado ex gobernador de Chongqing, Bo Xilai, apodados como «neomaoístas». Para el resto, no se trata más que de una pieza de folclore histórico que ni inspira, ni molesta; y a la que no hay intención alguna de someter a revisionismo ni mucho menos eliminarla totalmente de la liturgia, pero tampoco desean una figura que encarne su espíritu.

Sea como sea, la desaparición de su nombre en documentospreparatorios del Congreso no puede ser casual y podría tratarse tanto de un mensaje como de una manera de ir desembarazándose de la retórica comunista, que empiezan a resultar seriamente anacrónica en un país que convive desde hace años con los grandes símbolos del capitalismo. En todo caso, el debate previo hace presagiar un triunfo del continuismo por los nombres que se barajan para la renovar la cúpula. La eliminación a las referencias de Mao, de confirmarse, supondría que el nuevo liderazgo estaría dispuesto a iniciar las grandes reformas.

No en vano las voces que dentro de la sociedad china piden un cambio de rumbo e incluso de modelo van en aumento. La economía, que aún crece por encima del 7%, presenta los peores indicadores de los últimos 13 años, al tiempo que aumenta la indignación por la abismal brecha entre ricos y pobres, entre gobernantes y gobernados. Un reciente informe publicado por el PEW Research Center reflejaba que el 50% de los chinos considera problemas «muy graves» las desigualdades económicas y la corrupción política, el nivel más alto de los últimos años. A pesar de todo, la mayor parte de la población se mostraba contenta en términos generales gracias al desarrollo de los últimos años. Más de un 70% de los encuestados reconocían vivir mejor que hace cinco años y un 82% se decía «satisfecho».

«El problema más grave en los últimos años es el conflicto entre las diferentes clases sociales y las desigualdades. Actualmente no hay canales para resolver las tensiones que están surgiendo y cuando un grupo de gente humilde sufre una injusticia ni siquiera tiene una vía para protestar y exigir que se resuelva su problema», explica a LA RAZÓN Li Wei, director de Desarrollo Social de la Academia de Ciencias Sociales. Como el profesor Li, muchos intelectuales, así como algunas publicaciones oficiales, hablan estos días de reformismo y de «cambiar el rumbo del país».

No se refieren a dar un giro hacia la democracia, sino más bien a abordar estos problemas, que son los principales motivos de descontento. Se trata de reformas que, por supuesto, se plantean dentro del marco de aperturas económicas recientes y que no sugieren una reforma política profunda. Los nostálgicos del maoísmo, cuyo apoyo consiguió asegurarse el ex gobernador de Chongqing Bo Xilai, representan una minoría aislada del grueso de la sociedad y sin demasiada prédica. De hecho, mientras Mao y el marxismo se desvanecen de los discursos y de la ideología dominante del partido, se siguen citando las enseñanzas de los dos líderes que abrieron la economía en sucesivas etapas: Deng Xiaoping y Jiang Zemin. «En el contexto actual, un liderazgo reformista sería, por ejemplo, aquel que intensificase el proceso de privatización económica o que acercase más la política a los problemas de la gente para reducir la tensión», concluye el profesor Li.