París bien vale una misa por Gonzalo ALONSO

Ciclo Juventudes musicalesObras de Ravel y Dukas. Orquesta de París. Solistas: Philippe Aïche, violín. Director: Lorin Maazel. Auditorio Nacional. 7-II-2006. 

El espléndido ciclo de Juventudes Musicales ha tirado la casa por la ventana con la Orquesta de París y Lorin Maazel, uno de los directores mejor pagados del mundo. Muy probablemente posee también la batuta más técnica y dotada de la actualidad y sabido es que tiene una cierta tendencia a la rutina, a aplicar la ley del mínimo esfuerzo.

El maestro no se desmelenó ni con el aprendiz de brujo haciendo de las suyas ni siquiera en la apoteosis del vals, pero, bien por su dominio técnico, bien porque le apetecía dirigir con una orquesta de su ciudad natal música francesa o por ambas cosas, lo cierto es que ofreció una velada cargada de intensidad, especialmente en la segunda parte. París bien le valió el esfuerzo. Abrió la primera con «Mi madre la oca», delineando sutilmente su simplicidad, y la cerró con «Tzigane», una rapsodia para violín y orquesta deslumbrante y llena de furia a la que realizó discreta justicia el primer violín de la agrupación. La «Rapsodia española» hizo entrar en calor al público desde el misterio del «Preludio a la noche» hasta la explosión que encierra «Fiesta». Incomprensiblemente se programa muy poco «El aprendiz de brujo», la única obra que el gran público conoce de Paul Dukas, ya inseparable del filme «Fantasía» Disney. ¡Cómo no acordarse de Micky Mouse desbordado por las escobas acarreando agua! La lectura de Maazel estuvo a la altura de la de Stokowski. Tras su frenesí final llegó el crescendo a ritmo de vals en una versión digna de los mejores conciertos de Año Nuevo. Hay maestros, pocos, que hacen una gran orquesta de una mediana agrupación. Un gran triunfo.