Peret cuando Mataró era Hawai

Una biografía escrita por el crítico Juan Puchades repasa la vida y la obra del guitarrista que inventó la rumba catalana y que revolucionó con un nuevo sonido la música popular de los 60

Peret se hizo famoso con su rumba y su sello personal: el volteo de guitarra en directo
Peret se hizo famoso con su rumba y su sello personal: el volteo de guitarra en directo

Fue una sorpresa generacional. En las máquinas de discos de las tascas comenzó a sonar una rumba gitana de Peret titulada «La noche del Hawayano» y se armó el Belén. Nunca se había oído algo tan dinámico, aflamencado, con golpes rítmicos en la caja de la guitarra –el famoso ventilador– y dos palmeros batiendo palmas que parecían dos metralletas aceleradas. La letra no podía ser más absurda, sincopada como la típica canción pop que había inaugurado la era del rocanrol apenas un lustro atrás. Pero, ¿quién era Peret y qué diablos era la rumba gitana?

«Peret. Biografía íntima de la rumba catalana», escrita por el crítico musical Juan Puchades, desmenuza la vida del cantante de Mataró y desentraña el descubrimiento de este nuevo ritmo gitano que Peret creó fundiendo los ritmos caribeños con el furioso rocanrol. Una mezcla de rumba, guaracha y el mambo de Pérez Prado con la fuerza expresiva del rock de Elvis Presley, pasada por el túrmix del «gypsy pop».

Velocidad y repiqueteo
Peret le confirió los elementos esenciales para diferenciarla de la rumba cubana y la flamenca, que por aquellos años tocaban y cantaban Lola Flores y su marido Antonio González de forma más pausada. Le añadió la velocidad del rasgueo de la guitarra, el repiqueteo sobre la caja como percusión y la envolvió rítmicamente con palmas a contrapunto que tocaban dos palmeros. Los discos los firmaba «Peret y sus gitanos».

Desde entonces, allá por 1963, Peret era ya sinónimo de rumba gitana, y palmero una nueva profesión artística que acabó llevando adherida la significación de bailarle el agua al jefe. Antes del éxito masivo, fueron las rumbas catalanas de Peret música de tascas, tablados flamencos y puticlubs. En los primeros años 60, se concentraban alrededor de la máquina de discos los jóvenes yeyés que escuchaban a Elvis y los Beatles y que adoptaron a Peret como uno de los suyos. Luego llegaron los pijitos de la clase bien que lo pusieron de moda en las discotecas para animar la fiesta y, más tarde, la «gauche divine» en Bocaccio. En los puticlubs, la rumba canalla de Peret y el bolero existencialista de Gatica alimentaba la fantasía de amores raros y relaciones carnales con aires de reyerta. En las letras del primer Peret se alude a peleas y a la muerte como sacadas de los titulares del semanario de sucesos «El Caso» –«Tú tienes cuchillo, charlatán, y yo tengo pistola»– con canciones que mezclan el humor con una divertida sorna gitana, marca de la casa de los gitanos que se reunían en el bar Salchichón, de la calle de la Cera, en el barrio del Portal de Barcelona.

Pero el disco que consagró a Peret fue «Belén, Belén», que comienza de forma magistral: «Que un beso en tus labios di, contigo estaba soñando, y al no verte junto a mí, vi que estaba delirando, Belén, que no la llame Belén, Belén, que no viene». Con esta canción y «Yo soy un gitano fino, fino, fino filipino, con mucha firicunstancia, que a mí me tratan como un vecino», comenzó el despegue triunfal de Peret y el éxito internacional, que culminaría en 1974 con su participación en el Festival de Eurovisión con «Canta y sé feliz». Humor, ritmo y alegría de vivir son los tres componentes del éxito de aquel gitano fino y elegantón.

De los chiringuitos a la radio
Hasta 1963, Peret había pasado por cuchitriles playeros, donde cantaba para extranjeros, tablaos flamencos como el famoso «El duende», de Madrid, y las grabaciones de discos para turistas, en donde iba demostrando poco a poco que su rumba gitana era algo más que un invento ocasional, hasta el día que fue presentado para un público eminentemente juvenil en «El Gran Musical» de la cadena SER, desatando el delirio yeyé. Allí se consagró como un ídolo de masas.

A partir de su triunfo, lo aflamencado comenzó a asociarse con la música moderna española. La influencia de Peret en la música pop es evidente en las canciones de Los Brincos: «Flamenco» y «Borracho».

Pero donde Peret se consagró internacionalmente fue en el Midem de Cannes, en 1967. Ante la indiferencia general, y yéndose la gente de la gala final, apareció en el escenario y electrificó al público con la canción «Lo mato», con furiosos rasgueo de guitarra, repiqueteo de palmas y volteo de guitarra. Nadie se movía en los asientos hasta que el público se puso en pie y los aplausos atronaron la sala. Ese fue el momento del despegue europeo que llevaría a Peret a ser considerado una estrella pop, a codearse en las televisiones con artistas como Paul Anka y Françoise Hardy, con actuaciones en el Palladium londinense, en la BBC y cerrando el show televisivo de Tom Jones.

Su incursión en el cine es digna de celebrarse por sus valores delirantes, aunque menores que el especial de TVE «360º en torno a Peret», de Valerio Lazarov, acompañado de ese ballet Zoom indescriptible y los mareos de cámara psicodélicos. En el contrato de su primera película había una cláusula que le impedía besar a nadie por respeto a las gitanas mayores, pero pronto la suprimió.

Cantó un tema en «Las 4 bodas de Marisol», que fue la madrina de su hijo, y protagonizó cinco películas de títulos tan absurdos como «A mí las mujeres ni fu ni fa» y «Si fulano fuese mengano», donde interpretaba «Borriquito». Una nueva versión producida por Juan Pardo se convertiría en su mayor éxito europeo, especialmente en Holanda y Alemania, donde lo llamaban «Mr. Borriquito». Vendió en España un millón de discos. El turismo fue su embajador y los chiringuitos playeros su foco infeccioso.

El influjo de la rumba gitana prendió en grupos como Rumba 3, Los Amaya, Chacho y fue el detonante del flamenco pop o «gypsy rock» de Dolores Vargas la Terremoto y su «A-chi-li-pú», y del «Te estoy amando locamente» de Las Grecas.

En 1982 abandonó la canción y se convirtió en predicador de la Iglesia Evangélica de Filadelfia. Su vuelta triunfal a los escenarios fue durante la ceremonia de clausura de los Juego Olímpicos de Barcelona, en 1992, junto a Los Manolos y Los Amaya. En 2011, el ayuntamiento de Mataró le otorgó el título de hijo predilecto de la ciudad por ser el creador de la rumba catalana.


La Eurovisión del Telón de Acero
En 1968, Peret participó, junto a Salomé, en el VIII Festival de Sopot, en la Polonia comunista, coincidiendo con la invasión de Checoslovaquia. Representaban a TVE en lo que se conocía como La Eurovisión del Telón de Acero. Tuvo tanto éxito que lo contrataron para actuar en otra gala. Peret ganó el Premio del Festival y Salomé el de la Prensa. Cobró en zlotys, moneda que no tenía ningún valor ni dentro ni fuera de Polonia. Por esas fechas, le llegó la invitación de doña Carmen Polo para la gala benéfica anual. Peret se dio cuenta de que cada uno cantaba una canción excepto Raphael que cantaba seis, así es que decidió no actuar en esas condiciones. Un coronel del Ejército le amenazó con que no volvería a cantar en España, pero Peret le dijo que había otros países. Se sabía que Franco cantaba sus canciones cuando iba de pesca y cambiaba las letras por otras de tono erótico y más escatológicas.


El detalle
UNA LUMINOSA EPIFANÍA

«Yo he visto un cielo abierto, he visto una luz, y ahora me encuentro muy bien», dijo Peret cuando tuvo la epifanía que le conduciría a abrazar la Iglesia Evangélica de Filadelfia en 1982. Ésta forma parte del movimiento pentecostal francés, cuyos miembros eran gitanos, y predican la curación por la fe. Comenzó en Lérida, y en los años 70 «el culto» contaba con más de cinco mil seguidores gitanos. A partir de ese día, Peret se propuso «hacer el bien a la gente y dejar la violencia». Pero fue en Miami cuando abandonó la música porque algunas de sus letras no se adecuaban al Señor y pasó a dar testimonio y cantar sólo al Señor, primero como feligrés y luego como pastor. Su mánager sostiene que en aquel entonces «Peret optó por la religión como salida a un periodo profesional complejo. Estaba un poco ido y la gira por Suramérica fue una derrota total». Lo cierto es que se hizo cargo de cuatro iglesias entre 1984 y 1989, año en que dejó de creer en Dios y comenzó a desconfiar de las religiones. Le esperaba un regreso triunfal, en 1992, en los Juegos Olímpicos de Barcelona, donde actuó junto a Los Manolos y Los Amaya.


Una carrera a golpe de éxitos
«PERET» (1968)
En su tercer elepé estaban «Una lágrima», «El gitano Antón (El negro Bembón)» y, sobre todo, «Lo mato».
«BORRIQUITO» (1971)
El «single», con «Qué cosas tiene el amor», fue un éxito dentro y fuera de España: le llamaban «Mr. Borriquito».
«QUE LEVANTE EL DEDO» (2007)
Peret sigue a lo suyo: «La fama no me cambiará», canta, y exhibe su argot en títulos como «Jalamandrú».


«PERET. BIOGRAFÍA ÍNTIMA DE LA RUMBA CATALANA»
Juan Puchades
GLOBAL RYTHM
236 páginas. / 23 euros.