V / Cultura: Una lengua para todos por Francisco NIEVA

El español es un valor seguro en el mundo, y nuestra cultura, un patrimonio exportable que triunfa fuera de nuestras fronteras

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Corría el año 1967 del siglo pasado cuando, después de varios años de exilio en París, me puse a escribir mi primera comedia en serio. Y en español. Se me escapaban algunos galicismos que, con el tiempo, hube de corregir, pues antes me había forzado a hacerlo lo mejor posible en francés. De nuevo instalado en Madrid, me di perfecta cuenta de que aún tenía que conocer mejor mi lengua materna. Lo más gracioso de mi recuperación idiomática es que me leía, página a página, el diccionario de la Real Academia Española como si fuera «Lo que el viento se llevó». Me deslumbraba, me entusiasmaba la sinonimia española: encontraba palabras preciosas, llenas de misterio morisco, como «zaquizamí» –desván, sobrado o último cuarto de la casa–.

Como dramaturgo, era maravilloso contar con aquel arsenal tan profuso para caracterizar personajes, como un maquillador de teatro. «Según hablas, según las palabras que empleas, eso eres tú». No me bastaba el castellano; compré diccionarios de aragonesismos, de galicismos y hasta uno de bable. Mi búsqueda de palabras mágicas encontraba en el vasco codas tan extraordinarias como «pimpilimpausa» –mariposa–. El español de América me dejaba pasmado, sobre todo un libro de mejicanismos, en donde había frases como «caldo de cabeza» –preocupación–, o «abotonado como un huevo» –peripuesto y de punta en blanco–.

Ciertamente, los escritores hispanoamericanos me deslumbraban, sobre todo la poesía de Borges. Para mí, esto era el Fénix del español. Era como abrir un estuche precioso lleno de joyas rutilantes. También Borges se «hacía caldo de cabeza» buscando la palabra justa, preocupación de los grandes poetas. Dentro de mi modestia, me ocurría lo mismo. A veces, la duda entre dos términos era tanta que echaba a cara o cruz su definitivo destino.

Nuestra Academia intenta hacer algo con el español universal que se compare con el Diccionario Oxford respecto del inglés. Porque nuestro idioma es una galaxia infinita. Hay términos locales que no constan en el diccionario –por ejemplo, en mi tierra natal de La Mancha– y son tan expresivos como «cachera» –guarida de una bestia, reptil o insecto–. La fiera fue a refugiarse en su cachera. Hasta puede decirse: me voy a recoger en mi cachera.

Entre los compañeros de la Casa, encontré en Fernando Lázaro Carreter, que llegó a ser su director, al crítico teatral que mejor me entendió, que mejor supo apreciar aquella mi preocupación de base, que era jugar, de forma tan expresiva como gratificante, con americanismos que me parecían salidos de un castellano más vernáculo, más hondo, más pintoresco, como si este fuera «el alma familiar y secreta» de nuestro idioma. Henchido de sentimientos, de colores, de paisajes, de amor, de misterio, de burla, de ironía y melancolía.


Francisco Nieva
De la Real Academia Española


«Ser español abre puertas»
Ferran Adrià. Cocinero
Poseemos una cocina de vanguardia muy fuerte, lo que provoca que nos consideren un país extraordinario. Hace 20 años no existía una opinión sobre nuestra gastronomía fuera de España. Éramos un país más, mientras que hoy somos una referencia. Vivimos una revalorización en la que han jugado un papel importante la administración y los empresarios. Ser español abre puertas, pero existe una gran competitividad, de ahí que sea importante saber venderse, traer periodistas extranjeros para que conozcan nuestras materias primas en su entorno.

«Nuestra cultura es un reclamo»

María Bayo. Soprano
De nuestra cultura, lo que más se conoce fuera es el flamenco, aunque en el mundo de la lírica tenemos grandes nombres que llevan la imagen de España a lo más alto. Sin embargo, nos queda por hacer una labor importante: abrir nuestro patrimonio y que, además del tópico, se conozca fuera que culturalmente somos un país con peso. Intentemos ofrecer otra imagen, porque la experiencia me lo dice: el artista español es muy esperado, respetado y querido. Vendámonos mejor porque nuestra cultura es un reclamo.

«Falta reconocimiento en la moda»

Amaya Arzuaga. Diseñadora
Dar el salto internacional como diseñadora es un privilegio, aunque como empresaria supone todos los quebraderos de cabeza del mundo… Mi meta siempre ha sido París y significa un orgullo poder desfilar allí. Los principales retos como empresaria que quiere romper fronteras pasan por la inversión y la logística. Si exceptuamos a Zara y Mango (que ya son un mundo en sí mismas) no creo que se reconozca la marca España al menos en el ámbito de los diseñadores de moda.

«Aprendamos a vender la marca España»

Custo Dalmau. Diseñador
Si bien es cierto que, junto con Grecia y Portugal, nuestro país se encuentra en el punto de mira por la coyuntura económica, creo que esta situación no está minando la percepción que se tiene de la marca España, que va ganando puntos en ámbitos como el diseño. ¿El motivo? La edad de oro de nuestro deporte. Aunque parezca mentira, haber ganado el Mundial de Fútbol nos ha situado en el mapa como referente. Necesitamos aprender a vender nuestro potencial.