La peculiar escolta de la Duquesa de Alba por Jesús Mariñas

Cayetana Fitz-James llegó a la cita cogida por su esposo, Alfonso Díez, y por su primogénito, el duque de Huéscar

Alfonso Díez se ha estrenado como colaborador de cine en un diario, en el que no firma con el título. No va de crítico y, más bien, toma la pantalla grande en una operación no exenta de nostalgia personal. Siempre se ha negado a utilizar el cinco veces centenario título para su uso personal. Una postura bien distinta a la que siempre mantuvo Jesús Aguirre, que incluso llegó a llamar a la Reina de Inglaterra «nuestra prima Lilibeth». Le podían las pretensiones y su esposa le dejó hacer. Y crecer. Nunca se había visto en un acto oficial a tan singular trío: Cayetana Fitz-James llegó en medio cogida por Alfonso Díez y el duque de Huéscar. Lástima que Tita Cervera no cuente con semejantes aliados, como ya parecen serlo el primogénito de la Duquesa de Alba y el ex funcionario de la Seguridad Social, que ahora vive una excedencia no sé si fructífera. Asombró verle llegar al concierto que ofreció Ainhoa Arteta en beneficio de la Asociación Nacional de Amigos de los Animales, realzada por la Reina, que vistió un dos piezas de raso color oro viejo. Cayetana Fitz-James no quiso perdérselo, igual que la exquisita Inés Oriol, Mónica Estarreado y Tessa de Baviera, casi jubilada del panorama social. Ya no digamos el marqués de Cubas, que intentaba un imposible anonimato, mientras Ana Botella acudía con el mismo abrigo blanco que vistió por la mañana en el Thyssen y Cristina Cifuentes lucía una cola de caballo cual amazona. Ardor guerrero no le falta.
Tita Cervera marcó el aire de gala que tiene todo concierto importante y se vistió con encaje negro, aquí muy apropiado, no como Cary Lapique, que acudió con un modelo blanco de prima comulgante. La baronesa también estuvo en el aniversario de Dupont, la marca de los encendedores que hicieron historia y siguen distinguiendo. Sus lacados granates y azules llevan un santo y seña diferenciador, como el recuerdo a Audrey Hepburn o a Bogart, que fueron sus mejores clientes. La inolvidable Sabrina encargó un bolso con aire de instrumental médico, abombado en la base y con aire ochentero un tanto victoriano, mientras el más duro de Hollywood hizo que le diseñaran una cartera portafolios que pasó a la historia como el Amazona de un Loewe que no debe posponer sus creaciones de piel tan apreciadas por los chinos y japonenes, sus mejores clientes. No fallaron clásicos de los cócteles, como Cuqui Fierro, David Meca, que lució una corbata naranja, mientras que Rodríguez Sieiro, que optó por una amarilla canario. También asistieron Mae Dominguín, Lola Alcaraz y hasta Cristina Iglesias, esposa de Jorge, sobrino y mánager de Julio. Julio Ayesa le reveló cosas familiares jugosas. Y es que lo de Julito tiene tela.