Los católicos iraquíes celebran la eucaristía tras la masacre

Ni los feligreses ni los ministros de la iglesia de Nuestra Señora del Socorro de Bagdad faltaron ayer a su cita semanal, siete días después del macrosecuestro de Al Qaida, que terminó en tragedia con la pérdida de 58 vidas.

 
 

Tampoco parece haber calado el comunicado de la marca de la organización de Osama Ben Laden en el país, «Estado Islámico de Irak», en el que amenazaba con más acciones terroristas contra la menguante comunidad cristiana. La violencia en Irak todavía es un elemento deformante de la realidad que los ciudadanos asumen con resignación.

Ayer, en la iglesia de Nuestra Señora del Socorro, cuyas paredes siguen manchadas de sangre, se rezó por todas víctimas del peor atentado en el país contra los cristianos desde el derrocamiento de Sadam Husein en 2003. Los feligreses, según Ap, se vistieron de negro y depositaron velas en el templo en memoria del medio centenar de fallecidos. Los cristianos, como minoría religiosa, se han convertido en las víctimas silenciadas del conflicto sectario entre chiíes y suníes. El pasado martes, un día después de la masacre, una cadena de atentados en Ciudad Sader en Bagdad causó centenares de muertos chiíes.

El gobierno... ¿inminente?
Los ocho meses de «impasse» político tras las elecciones abiertas del pasado mes de marzo han contribuido a un deterioro de la seguridad. Este jueves se prevé reanudar la actividad parlamentaria después del parón del 7-M. Se celebrará la segunda sesión de la Legislatura , en la que se podría presentar un hipotético acuerdo de gobierno de unidad nacional. Así lo comunicó ayer el portavoz del ejecutivo en funciones, Ali Dabag, que, según explicó, pasaría por el mantenimiento de Nuri Al Maliki, del Estado de Derecho, como primer ministro y se reservaría la Presidencia de la Cámara Baja a un miembro de Al Iraqiya, la formación que ganó las elecciones por dos escaños. Pero este partido no lo ha confirmado.