OPINIÓN: A vueltas con el 15-M

La Razón
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No seré yo quien se escandalice, ni critique lo de los indignados y el 15-M. Pertenezco a una generación que a los dos meses de llegar a la Universidad se murió Franco y nos manifestábamos por todo, unos por la revolución nacional otros por la social, unos con el «Cara al Sol» otros con «L' estaca» o «La Internacional». Al final, generalmente no pasaba nada porque era obvio que el menú se cocinaba en otros sitios y no era la calle.
Además, un joven que no ha ido nunca a una manifestación se pierde una experiencia que es gratis e incumple la obligación de rebeldía que supone el deseo de cambiar las cosas.
Diferente es lo que puede conseguirse con este tipo de movimientos, porque si el ideal es lo del mundo árabe, donde tras cada revuelta aparecen islamistas radicales, vamos apañados. Claro que aquí no me imagino a nadie sensato reclamando la confesionalidad burkuiana del Estado.
Ni hay que tirar en saco roto lo que significan este tipo de actos ni maximanizarlos. Ellos tienen derecho a pedir lo que quieran mientras no nos lo traten de imponer, lo hagan pacíficamente, nos dejen pasear por las calles y a ser posible las dejen tan limpias como las encontraron.
 Quienes han de espabilar son los que pueden hacer algo más que recortes o «retalladas» y pedir sacrificios sobre todo a la sufrida clase media, que en sus más variadas gamas, alta, media y baja, están pagando el pato que otros cazaron, otros cocinaron y otros se comieron.