Redonda «Adriana Lecouvreur»

«Adriana Lecouvreur»De Cilèa. Con Roberto Alagna, Giorgio Giuseppini, Francisco Vas, Joan Pons, Barbara Frittoli, Dolora Zajick. Director musical: Maurizio Benini. Dirección de escena: David McVicar. 14-V-2012. Gran Teatro del Liceo, Barcelona.

«Adriana Lecouvreur» había sido un título recurrente en los años setenta y ochenta en el Gran Teatro del Liceo, cuando los grandes artistas españoles lo adoraban por su excelentes arias y el éxito que reportaba; hablamos de Pedro Lavirgen, José Carreras, Jaume Aragall, Plácido Domingo, Montserrat Caballé, Joan Pons... además por supuesto de sus grandes intérpretes internacionales como Mirella Freni, Fiorenza Cossotto, Bianca Berini, etc. A pesar de ello llevaba dos décadas sin presentarse en el Liceo, hasta esta temporada en las que han sido programadas trece funciones con tres grandes repartos. El estreno contó con una fenomenal Barbara Frittoli en su debut en este exigente papel de la actriz protagonista. La soprano italiana fue afianzando su interpretación a lo largo de la ópera gracias a una extraordinaria musicalidad no exenta del temperamento que requiere este gran personaje y ofreciendo sus arias con un gran alarde de fuerzas y control del sonido. A su lado el soberbio Maurizio de Roberto Alagna –manteniendo una excelente química como pareja–, además de ofrecer una emisión impactante gracias a un canto natural en todo el registro y unos excelentes agudos. Por su parte, la Princesa de Bouillon de la extraordinaria mezzosoprano Dolora Zajick fue otro de los puntales de este gran éxito liceísta gracias un timbre ancho y profundo en todo el registro. Del resto del elenco destacar al emotivo Michonet de Joan Pons, cantado con gran expresividad y suficiencia y el algo amanerado pero divertido y sólido vocalmente hablando, el Abate del tenor Francisco Vas y el adecuado Príncipe de Giorgio Giuseppini. Correcto el resto del reparto, al igual que la interesante producción escénica encargada a David McVicar y que es una coproducción del Liceo con las óperas de Londres, Viena, París y San Francisco y funciona muy notablemente, con la utilización de un escenario teatral de madera como los del siglo XVIII, que se mantiene a lo largo de los actos enfatizando la trama y que está inspirado en el de la Magrevina en Bayreuth en una cuidada dirección de escena de McVicar que cuenta además con un excelente vestuario de época. La dirección musical de Maurizio Benini fue otro acierto con una lectura muy expresiva y emotiva de esta vibrante partitura no exenta de una exquisita instrumentación que el director cuidó con detalle. Un gran éxito que fue recompensado con numerosos aplausos y bravos del público a la mayoría del reparto.