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Qué era «rosebud»

Se cumplen 70 años del estreno de «Ciudadano Kane», la vida del magnate de la Prensa que murió pronunciando la palabra «rosebud» 

A inicios de mayo de 1941, la RKO estrenaba «Ciudadano Kane», la primera película de Orson Welles. Nominada a nueve Oscars, obtuvo el de Mejor Guión premiando a Herman Mankiewicz y al propio Welles. La cinta narraba la vida y legado de Charles Foster Kane, un trasunto del magnate William Randolph Hearst, un titán de la Prensa que había provocado, por ejemplo, la guerra de Cuba. La película tenía que haberse estrenado a mediados de febrero de 1941, pero el 3 de enero del mismo año se ofreció un pase previo. La razón era que la revista «Friday» había publicado un artículo trazando supuestos paralelos entre Kane y Hearst. Inmediatamente, Louella Parsons, la corresponsal de Hearst en Hollywood, exigió poder ver la película antes de que tuviera lugar el estreno.

A la Parsons no le gustó lo que vio –James Stewart llegaría a contar que abandonó la sala antes del «The end»– y amenazó a la RKO con una querella. Ese mismo día, Hearst vetó a la RKO de sus periódicos, un veto que duraría dos semanas salvo para «Ciudadano Kane». La situación era tan delicada que Louis B. Mayer y otros personajes de peso del mundo del cine ofrecieron reembolsar a la RKO los gastos de «Ciudadano Kane» si no la estrenaba. Los abogados de la RKO insistieron en que ninguna acción legal prosperaría, pero aun así, Welles tuvo que asistir a otro pase privado con los letrados de las productoras para escuchar su opinión.

Todos los presentes aceptaron que se estrenara, pero con algunas supresiones que evitaran que Hearst se pudiera ofender. El recorte tuvo como consecuencia que el metraje pasara de dos horas, dos minutos y cuarenta segundos a una hora, cincuenta y nueve minutos y dieciséis segundos. En apariencia, el problema había quedado solucionado porque incluso se podía aducir que algunos episodios de la película no estaban inspirados en Hearst sino en otros personajes como Samuel Insull, que sí tenía, como Kane, una querida empeñada en triunfar en la ópera. Sin embargo, lo peor estaba por llegar. A pesar de las diferencias con su vida –y no eran pocas–, Hearst se sintió especialmente irritado con la cinta. La razón arrancaba fundamentalmente de la palabra «rosebud» que mencionaba Kane al morir y que constituía un hilo conductor de la historia.

Pero ¿qué significaba «rosebud» para que tuviera ese efecto en el millonario?
El secreto de la ira de Hearst lo reveló públicamente el escritor Gore Vidal en 1989. «Rosebud» era el apelativo cariñoso que Hearst utilizaba para referirse al clítoris de su amante Marion Davis. El dato se lo había comunicado a Welles Herman Mankiewicz, su colaborador en la redacción del guión. Quizá por una ironía del destino, «rosebud» era, ciertamente, la clave de toda una existencia. A fin de cuentas, lo que había sacado de quicio a Hearst, un hombre mucho más vitalista y alegre que Kane, no era ni la cita textual de algunos de sus discursos ni las referencias a su falta de escrúpulos, sino que algunas de sus intimidades sexuales hubieran salido a la luz.
 

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