Los Premios Goya ensayan con éxito su gran noche

No estuvieron todos, pero casi. Salvo los candidatos extranjeros y los dos nombres más internacionales –Pedro Almodóvar y Antonio Banderas–, la mayoría de los directores, actores, actrices, guionistas y técnicos que optan a algún premio el próximo 19 de febrero acudió a la fiesta de finalistas de los Premios Goya. Una cita que sirve para ver, dejarse ver, hacerse la foto de familia y calentar motores ante la gala. Agustín Almodóvar representó a su hermano, y estaban Enrique Urbizu, Mateo Gil y Benito Zambrano, que optan con sus películas a los principales premios. También casi todos los candidatos a las diferentes categorías actorales: los tipos duros José Coronado y Juanjo Artero; las bellezas Elena Anaya, Pilar López de Ayala, Verónica Echegui, Alba García y Goya Toledo; los «primos» Adrián Lastra y Raúl Arévalo; las sufridas Inma Cuesta, María León y Ana Wagener; el robótico Lluis Homar; el atravesado José Mota; los noveles Jan Cornet, Marc Clotet y Michelle Jenner... Y otros grandes nombres del cine de por aquí, como Iciar Bollaín o Isabel Coixet, y alguno que también puede serlo en breve del de por allí: Alberto Iglesias, ayer sonriente, que también opta a un Oscar.

Una crisis antigua
La gala, celebrada un año más en la Real Casa de Correos de Madrid, sede de la presidencia de la Comunidad, se abrió con unas palabras del vicepresidente, Ignacio González, que destacó el papel creciente que el audiovisual ha de tener dentro de las industrias culturales. Le siguió el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, para quien «el día 19 no va a haber ganadores ni perdedores». Además, éste recordó que «la crisis en el cine es tan antigua como el celuloide» y dejó caer una previsión: «Espero y deseo que nuestro cine vaya a seguir, pese a todos los problemas que vamos a tener».

La gran protagonista fue, en cualquier caso, Josefina Molina, Goya de Honor de esta 26 edición, cuyo premio recibió ayer. «En nuestro cine con frecuencia pasamos del triunfalismo a la depresión con una celeridad pasmosa. Y ambos sentimientos son esquemáticos», aseguró la veterana directora, que recordó a sus compañeras de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) y advirtió ante «viejos e interesados fantasmas con los que la cultura siempre sale perdiendo en apoyos e inversiones».

 

La elegancia de los candidatos
Mateo Gil no se quitaba ayer la piel de cordero y recordaba que no esperaba las nominaciones: «Yo tengo mi quiniela», reconocía sin soltar prenda y con elegancia: «Disfruté mucho las otras tres películas, tan diferentes además». Enrique Urbizu bromeaba sobre la gran noche, «un duelo a lo Sergio Leone» al que, «por salud mental, no le doy muchas vueltas. Catorce nominaciones implican en sí mismas un reconocimiento». Agustín Almodóvar dijo de su hermano –Pedro trabaja en su nuevo proyecto, con un guión ya terminado– que está «entusiasmado. El cine para él es la vida, es un adicto a su trabajo». Y afirmó que «el regreso a la Academia de Cine es completo. La Academia no es lo que era, ha crecido como institución».