El «smog» como problema por José Antonio VERA

El ½«smog» como problema, por José Antonio VERA
El ½«smog» como problema, por José Antonio VERA

En Madrid y Barcelona hemos vivido días atrás jornadas de intenso «smog» que han causado severos problemas a personas con dolencias asmaticas o alérgicas. Aun así, ambas capitales españolas son casi inocuas si se comparan con otras ciudades. Cinco mil personas murieron en Londres a causa del «smog» en 1952. México, que acoge en su seno a más de 130.000 fábricas y seis millones de vehículos, es una de las urbes mas contaminadas del mundo. Le siguen Bangkok y El Cairo, y en Europa, Atenas. En Bangkok recuerdo momentos de agobio porque la polución se ve y se respira en cada inhalación. Y también en las vietnamitas Hanoi y Ho Chi Ming (antigua Saigon), donde la gente lleva mascarillas para evitar tragarse el polvo negro suspendido por todas partes, acumulado en edificios y ventanas, siempre omnipresente. Afortunadamente allí llueve con cierta frecuencia y eso hace que se limpie la atmósfera, como ha pasado esta semana entre nosotros.


Pero cuando no cae ni gota y se espesa la boina, los problemas afloran afectando más a quienes sufren de alergias y problemas respiratorios. Aunque la polución acaba siendo un problema general. En las muestras de aire urbano que se toman con regularidad es habitual encontrar exceso de anhídrido sulfuroso y partículas en suspensión, plomo y metales pesados, dióxido de nitrógeno, clorofluorocarbonos, dióxido de azufre, hidrocarburos aromáticos peligrosos como el benceno, y por supuesto dióxido y monóxido de carbono. Este último lo sueltan las chimeneas de las fábricas, los carburantes, el humo del tabaco y los tubos de escape de los vehículos. El monóxido de carbono es uno de los principales agresores de la salud entre los contaminantes del aire que respiramos. Puede causar desórdenes respiratorios, irritabilidad, dolores de cabeza, enfermedades cardiacas y, por supuesto, cáncer. Produce un polvo grisáceo que ensucia calles, árboles, plantas y que con frecuencia nos tragamos ora al respirar ora al depositarse en los alimentos que comemos y compramos en los mercados, las frutas y hortalizas que crecieron en tierras contaminadas al borde de las carreteras o los cultivos cercanos las fábricas.


No son los únicos contaminantes. Los óxidos de nitrógeno generan efecto invernadero, destruyen el ozono troposférico bueno, acidifican el aire y forman ozono atmosférico pernicioso. Crean riesgos para a salud, dañan la fauna y la flora y generan turbidez y mugre ambiental. El dióxido de azufre produce niebla fotoquímica. Las partículas del diésel se adentran hasta las zonas mas profundas de los pulmones y agobian a niños y asmáticos. El dióxido de nitrógeno es con frecuencia responsable de muchos trastornos respiratorios, picores, irritaciones y molestias en ojos y garganta. Afectan al sistema inmunitario y agravan las patologías respiratorias y cardiovasculares. Sin duda, la otra cara (oculta) de la contaminación.