Los peligros sirios por Michael Rubin

Miembros del ELS intentan levantar un poste de tendido eléctrico cerca de Alepo
Miembros del ELS intentan levantar un poste de tendido eléctrico cerca de Alepo

Apenas unos días antes de las elecciones presidenciales norteamericanas de 2004, «The New York Times» intentó dar la campanada electoral. De forma sensacionalista publicó una noticia que decía que el Ejército estadounidense había fracasado a la hora de proteger un arsenal iraquí ubicado en Al Qa'qaa, permitiendo que los insurgentes se hicieran con toneladas de armamento pesado. Las crónicas periodísticas aparecidas posteriormente sacaron a la luz inconsistencias en la crónica del «Times», pero la idea general sigue siendo válida: a medida que los regímenes se van derrumbando, milicias e insurgentes se van haciendo con el armamento desprotegido. En el caso de Libia, la Administración Obama pretendía «liderar a la zaga» y por eso no hizo nada a la hora de impedir a los milicianos, algunos de ellos vinculados a Al Qaeda, saquear los arsenales de proyectiles balísticos y misiles tierra-aire del que fuera hombre fuerte libio Muamar Gadafi.

En el caso de Siria, el problema del armamento desprotegido gana peso. Cuanto más se prolongan las hostilidades, más grupos vinculados a Al Qaeda se están asentando en Siria. El presidente Asad pretendía construir una planta nuclear encubierta, aunque aún dista mucho de estar claro que todo el material nuclear se encuentre bajo control.

Pese a que la Agencia Central de Inteligencia cometió errores de bulto en la información de Inteligencia relativa al programa nuclear de Irak antes de la guerra, sigue habiendo interrogantes en torno a un convoy iraquí que se desplazó a Siria durante los primeros días de la Operación Libertad Iraquí transportando armamento químico y/o biológico. Con independencia del tema, Siria disponía de sus propios arsenales de armas químicas y biológicas antes del conflicto, y presumiblemente sigue disponiendo de ellos. La Administración que dirige Barack Obama acierta al decir que la opción militar en Siria será complicada. El país que preside Asad alberga la única base militar rusa fuera de territorio de la ex Unión Soviética; Irán se frota las manos ante la idea de arrastrar a Estados Unidos a otro conflicto de insurgencia, y la oposición siria se mantiene dividida y no ha sido capaz de elaborar un discurso común. Pero también hay que reconocer que el precio de no hacer nada no será solamente una tragedia para el pueblo sirio desde el punto de vista humanitario, sino que también conlleva un verdadero coste para la seguridad nacional estadounidense. Por lo pronto, la Administración Obama debería planear de forma activa garantizar la integridad del armamento sirio, si no es ya demasiado tarde.

 

Michael Rubin
Miembro del American Enterprise Institute y ex funcionario del Pentágono