Sin selección

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¡Qué lejos quedan los tiempos en que Jorge Valdano salía del terreno de juego y preguntado por un rifirrafe afirmaba que no era un delator! ¡Cuán distantes quedan los años en que los futbolistas mantenían como código de obligado cumplimiento no sacar a la calle lo ocurrido en el césped! Hoy, los clubes han pasado a ser chivatos, acusicas, con denuncias sobre contrarios ante organismos internacionales. Lo sucedido en las dos últimas temporadas ha ahondado heridas. En el 2-6, Ramos estuvo a punto de lesionar a Messi, abofeteó a Puyol y despreció a Piqué. Fue hecho perdonable porque se conocen las intemperancias del defensa. Lo ocurrido esta campaña no tiene bálsamo que mitigue y menos, antibiótico que cure la supuración. Ha tenido que llegar un entrenador bronquista, que vive en la polémica, el insulto y en la manipulación, para que los Madrid-Barcelona hayan acabado con relaciones personales deterioradas. El Barça, que aporta a la Selección siete jugadores, llevará ahora a gentes dolidas con quienes han sido sus compañeros. En cierta ocasión surgió el presidente Tarradellas para zanjar el enfrentamiento entre Luis de Carlos y José Luis Núñez. Ahora ha faltado intermediario. Hasta Casillas ha dicho suavemente que prefiere que la Liga de Campeones la gane el Manchester. Del Bosque se ha quedado sin equipo. Imposible pedir amor y compaña a Casillas, Arbeloa, Alonso y Ramos con la columna vertebral de la Selección. Mourinho se ha cargado la piña.