Norma Duval lloró al evocar a su hermana Carla por Jesús MARIÑAS

Sobrecogió. Fue un mazazo en medio del bullicio de los premios Estrella de Oro que cada año concede el Club de Medios. A Norma Duval, a la que reconocían por su trayectoria artística, le costó sobreponerse. La pena aún es muy fuerte y no puede superar su dolor fraternal.

Amparo Larragañaga y Norma Duval recibieron sendos premios
Amparo Larragañaga y Norma Duval recibieron sendos premios

El martes fue la ceremonia de entrega de los galardones. Amparo Larrañaga, una de las homenajeadas, hizo un repaso de su saga artística, en la que destacan Ismael Merlo, María Fernanda Ladrón de Guevara, Luis Merlo y su padre, el eterno Carlos Larrañaga, que entregó a su hija el premio. Tras el discurso de su compañera, Norma quiso hacer un guiño. Le salió mal y terminó en incontenibles lágrimas: «Yo no puedo presumir de venir de una dinastía como Amparo, yo sólo he tenido a mi hermana Carla», recordó emocionada. Hermosa y delgada como pocas veces, conversó con José María Íñigo y un Alfredo Amestoy gozoso por lo que Luis María Anson dijo de él como laudatario del premio de la Asociación de la Prensa. El académico no entendía cómo podía estar tan desaprovechado televisivamente quien en los años 70 trazó un camino a seguir.
Mientras, su esposa Ana María se emocionaba recordando que llevan juntos 46 años, toda una vida. Arrancó suspiros envidiosos, aunque Íñigo y Pilar han pasado lo suyo. Él precisaba que el reciente premio de la Academia de Televisión «a toda mi vida» se refiere sólo a lo ya vivido: «Queda mucho más», otro desaprovechado que hizo escuela. El galán Carlos Larrañaga, con 74 años, aseguraba: «No soy un viejo, sino alguien que se resiste a la edad», alardeó gallito, como lo hizo de hijos. Ya no hay sombras, recelos ni claroscuro con ellos.
El céntrico Hotel Santo Domingo abarrotó uno de sus salones con casi cien personas. Lina Morgan destacaba en conjunto turquesa y humor a prueba de todo. Mientras, unos contaban el resultado quirúrgico de las dos hernias de Enrique Cornejo, que sigue viendo una maniobra turbia en la «espantá» escénica de Elena Furiase, «ni siquiera pidieron disculpas al público». Mathias intentó tranquilizar a Norma. Laura Valenzuela –¡por fin estrenó, era un conjunto azul cielo!– le facilitó un pañuelo con el que contener su angustia. Frade ya sólo es un recuerdo, «pero lo quiere un montón». Proyecta vacaciones en Tagomago y Lina junto a su hermana Julia, ahora internada para estar más atendida. María José Besora lo hará entre Madrid y Lisboa, la Larrañaga, trabajará por teatros norteños. Su padre está a punto de una reaparición de la mano de su hijo Pedro. Lleva seis años sin pisar escena, dejó el campo «porque ya no soy la alegría de la huerta», bromeó. Su retorno devolverá el clasicismo de los primeros galanes que formaron una etapa gloriosa para la escena. Sea bien este eterno donjuán con tanto genio y figura.