OPINIÓN: Don Juan Palomo y el dopaje

ALBERTO CONTADOR no está dispuesto a plegarse y aceptar el castigo que le impongan la UCI y la AMA; piensa recurrir hasta el final
ALBERTO CONTADOR no está dispuesto a plegarse y aceptar el castigo que le impongan la UCI y la AMA; piensa recurrir hasta el final

Llueve sobre mojado en la siniestra carretera «a ninguna parte» del dopaje en el deporte. El Juzgado de lo Penal número 6 condenó la semana pasada a dos farmacéuticos, un médico y un deportista a un año y cuatro meses de prisión por un delito contra la salud pública por suministrar ilegalmente a deportistas anabolizantes que sólo se venden con receta médica y para fines terapéuticos concretos. Nada nuevo, y corre el peligro de dejar de ser noticia. Al menos para quienes, como abogados, nos ocupamos y preocupamos no sólo por la estética, sino sobre todo por la ética en el Derecho del Deporte. Allí donde se mueva dinero fácil y rápido, se pueda contar con personas (por llamarlos de manera suave) de escasa moralidad y exista un respaldo logístico de testaferros, curiosamente personajes «libres de toda sospecha», es donde se cultiva el «caldo» que permite hacer y ofrecer «a la carta» cualquier tipo de «menú personalizado».

Las clandestinas ofertas (que internet difunde, pule, da esplendor y en las que regala gastos de envío) garantizan «éxitos seguros», «mínimo esfuerzo» y «en un tiempo récord». Las tres reglas básicas de todo negocio-pelotazo: mínima inversión, seguridad y alta rentabilidad. Tan viejo como el mundo. No me cansaré de repetir que en dopaje existe un triple rasero para medir: según te llames «Doña Industria», «Don Entorno» o «El pagafantas del deportista».

Para el primero: puerta de embarque D «de Diplomática» (la pela es la pela), con Salón Vip de buffet y barra libre. Para los segundos, hace tiempo que pintan bastos (con la falsa esperanza del «ya escampará»); para los terceros no hay tregua ni cuartel. Y esto, que a nivel del narcotráfico se combate (con más pena que gloria) mundialmente acudiendo a «las cabezas identificadas de la bicha», en el dopaje no ocurre así. En el dopaje (utilizando el símil del narcotráfico) se depura fulminantemente al «camello» y «al consumidor».

Gran parte de este disparate lo encontramos en los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional Deportivo. Si partimos en nuestra argumentación, sobre «política legislativa en el dopaje deportivo», de unas premisas incuestionables tipo: el derecho sancionador (que no disciplinario) deportivo nada o poco tiene que ver con los Derechos Fundamentales de un Estado de Derecho (lo diga Agamenón o su porquero), santa palabra. Por algo muy sencillo: «Doña Industria» (la dueña del cortijo galáctico) mantiene su monopolio organizativo (dinero, recursos, reglas, competiciones, tribunales, etc.), que se regulan por las normas, que ellos mismos se dan cual república bananera (al margen de Convenios Internacionales o europeos sobre Derechos Humanos), en plan tipo «autonomía universitaria», es decir, dado que me llamo Juan Palomo, y aplicando el artículo 1 de (mi) Ley: Si yo me lo guiso, yo me lo como, que puede ser interpretado (sólo en caso de lagunas legales) con el contenido del artículo 2: En caso de duda se estará a lo que establece el artículo 1. En su virtud, FALLO: si quieres participar (léase organizar olimpiadas, campeonatos del mundo y otros regalitos de patrocinadores) o que te deje seguir jugando (entiéndase no expulsarte de las competiciones que yo manejo con mi mando a distancia), diga conmigo: «pulpo, animal de compañía».
Alberto Contador, de momento, parece que ha mirado el diccionario y no termina de ver eso.