«Admiramos su valentía y su profunda fe»

Destacan la importante labor pública de Aguirre que nunca ha tratado de ocultar su faceta religiosa.

Las hermanas misioneras  dan cada día desayunos a más de 300 personas sin recursos
Las hermanas misioneras dan cada día desayunos a más de 300 personas sin recursos

MADRID- «Hablé con ella la semana pasada. Doña Esperanza ya lo sabría, pero lógicamente no me dijo nada», explica con gesto preocupado la hermana Almudena.

«Le pedí a su marido, que suele venir todas las semanas para ayudarnos, que me pusiera en contacto con ella y aunque no pude verla sí pude charlar con ella unos veinte minutos», relata la misionera. «No le noté nada. Estaba como siempre». La amistad entre la familia Aguirre y las misioneras de Santísimo Sacramento de Madrid viene de lejos. Su marido, Fernando Ramírez de Haro, sus hijos y muchos de sus hermanos y hermanas acuden frecuentemente a la eucaristía en su capilla. Además, colaboran en la obra social «Cachito de Cielo» de la congregación gracias a la cual, estas hermanas dan cada día de desayunar a más de 300 personas sin recursos.

«Admiramos su fe y sobre todo la valentía con la que habla de ella», explica la hermana. «No es algo que se vea a menudo en los políticos y responde a una madurez humana y religiosa que ella tiene desde hace mucho tiempo», añade. Y no le falta razón. La presidenta de la Comunidad nunca ha ocultado su faceta religiosa. Acudió en 2007, junto a toda su familia, la consejera de Educación –Lucía Figar– y una delegación de jóvenes de Madrid, liderados por el arzobispo Rouco Varela, a Roma a visitar al Papa. Tampoco dudó en pedir que se celebrara una misa a su vuelta de Bombay (donde fue testigo de los atentados de 2008) para «dar gracias a Dios porque hemos vuelto todos sanos y salvos», dijo.

«Valoramos esa labor pública que hace, pero sobre todo queremos mucho a toda su familia», explica la misionera. En el convento viven siete hermanas y otras ocho en el de la calle Blanca de Navarra. En los últimos tres días, todas ellas han pedido en sus oraciones en comunidad por la recuperación de la presidenta, tras la operación para la extirparle un bulto cancerígeno del pecho. «Rezamos por todos los enfermos, pero estos últimos días, desde que nos enteramos de la noticia, hemos encomendado especialmente su salud a Dios», afirma. «Si imploras a Dios con fe, Él te escucha. Y mira qué bien ha salido todo», dice con alegría.

Desde el convento, ubicado en la Travesía de Belén del barrio de Chueca, estas hermanas dan gracias cada día por las ayudas que reciben y que ellas dan a la gente que más lo necesita. Además de Cruz Roja y el Banco de Alimentos, restaurantes, pastelerías, panaderías del barrio dan cada día alimentos a las misioneras para sus famosos desayunos de café, bocadillos y dulces, que dan a todo aquel que lo solicita. «Los Aguirre también colaboran», afirma sin detallar, buscando discreción. Además, desde hace unos años, también ofrecen bolsas de alimentos a familias.


El jesuita Javier Repullés, el nexo de unión
- La amistad de Aguirre con el jesuita Javier Repullés viene de lejos. La presidenta sigue desde hace años la labor de este sacerdote que en los 90 abanderó la «Campaña del 0,7%», para que los gobernantes dieran ese porcentaje a la lucha contra la pobreza. El padre Javier Repullés fue hasta hace sólo unos meses el capellán del convento «Cachito de Cielo» de las hermanas misioneras del Santísimo Sagrario.
- Repullés fue el sacerdote a quien Aguirre pidió que oficiara la misa de «acción de gracias» a su vuelta de Bombay. Allí, la presidenta, y la delegación de empresarios que la acompañaba, sobrevivió a los atentados de 2008 en los que murió un centenar de personas. «Los creyentes tenemos que dar gracias a Dios», afirmó. La iglesia de San Antonio de los Alemanes registró lleno completo. En 2010, Aguirre concedió una de las Encomiendas de Número de la Orden del Dos de Mayo al Padre Javier Repullés por su labor con los más necesitados.