Historia

Susana Estrada: «Las mujeres me odiaban a muerte»

«Quisiera hacer una gran película y morir en la cama rodeada de gatos»
«Quisiera hacer una gran película y morir en la cama rodeada de gatos»

La foto es parte de la historia de la Transición. Sucedió en la fiesta de los premios a la Popularidad del diario «Pueblo», en el 78: Tierno Galván le entregaba a Susana Estrada su galardón y al inclinarse para recogerlo, a la actriz se le rompió el enganche de la chaqueta y quedó liberado uno de sus pechos (ya famosos) para dicha y regocijo de los fotógrafos y del «viejo» profesor, que miraba con disimulo. No le dijo «tápese, señorita, que se va a resfriar», sólo «tranquila, hija, tranquila».

–Y tan tranquilos nos quedamos los dos –me cuenta Susana–. No fue premeditado, pero ya que había ocurrido, lo mejor era actuar con naturalidad y dejar trabajar a gusto a los fotógrafos, ¿no?

–Fue una de las musas de la Transición. ¿Qué inspiró?
–Aire nuevo, libertad. Luché mucho por los derechos de las mujeres. Por la libertad sexual se llega a la libertad total, y yo ayudé a conseguir la libertad sexual, sin duda. Lo reconocieron primero los hombres; después, las mujeres. Al principio, las mujeres me odiaban a muerte. Me encontraban descarada, impúdica y todo eso. No todas, claro, pero sí muchas.

–O sea, que no sólo enseñaba el cuerpo, también ideas liberales...
–Sí. Desnudarme fue lo menos importante que hice. Nunca le di importancia al desnudo. Lo importante era el mensaje: no soy propiedad de nadie, gano mi dinero y hago lo que me da la gana. Eso era transgresor entonces. Hoy ya no se sabe qué puede ser transgresor.

También la llamaron reina del destape, y Susana recuerda que a casi todas se les fue cayendo la ropa, no sólo a ella. «Las feministas me ponían verde, como las actrices llamadas "serias". Muchas iban de monjas, me llamaban puta y luego ellas se acostaban con todos los directores y productores que podían para que les dieran un papel. Yo nunca me acosté con nadie para conseguir un trabajo. Eso pasaba entonces y eso sigue pasando hoy, con ellas y con ellos». En el 76, al año de la muerte de Franco, protagonizó un espectáculo, «Historia del strip-tease», que estuvo más de un año en cartel. Hizo el primer desnudo integral.

–Los desnudos de Victoria Vera y María José Goyanes fueron parciales. Se consideraron intelectuales y dignos, porque estaban en el contexto del teatro serio –dice–. Como lo mío era revista, vodevil, show, no era digno. Nunca he entendido esas gilipolleces, esas diferencias.

–Hacía en el 77 un consultorio sexológico en la revista «Play Lady» y fue procesada por escándalo público...
–Fueron 14 procesos y me condenaron en 13. Uno se sobreseyó. Me inhabilitaron para escribir y no pude votar en diez años. Lo que más me fastidió fue la retirada del pasaporte: perdí un montón de trabajos en América.

Por lo que dijo en el 81 en TVE, en un coloquio sobre sexo, se llegó a pedir el cese del entonces director Fernando Castedo. Volvería a hacer casi todo lo que hizo, «y digo casi todo porque quizá tendría que haber vigilado más la calidad de las fotos; entonces no sólo tenías que desnudarte para trabajar en el cine y en el teatro, también para salir en las revistas; eso era así. Y para mí no era ningún problema».

–Me imagino que muchos la considerarían una mujer fácil...
–No. Yo ligaba menos que las bailarinas de mi show. Las mujeres valientes dan miedo a los hombres. Las mujeres liberadas sexualmente, y que lo proclaman, acojonan a los hombres. De cualquier forma, yo le debo más a mi cabeza que a mi cuerpo. Y nunca me fue el «aquí te pillo...».

–Y ahora vive en Benidorm dedicada a la música y a los gatos...
–Vivo entre Benidorm y Madrid, tengo gatos allí y aquí. Adoro a los animales. Tuve hasta un pollo, se llamaba Nicolás y acudía cuando le llamabas. Sí, ahora poseo una productora musical, me he producido tres discos, el último de rancheras. Y preparo otro. Sigo cantando.
También tiene dos hijos, «y los dos son mayores que yo, sobre todo de mentalidad». Le han tentado para que escriba el libro de su vida, «pero yo me desnudo por fuera, no por dentro; no hablo de mi vida ni de la vida de los demás; no voy a las televisiones; económicamente me puedo permitir el lujo de no vender mi intimidad». Y envejece bien: «No he hecho un pacto con el diablo, pero si supiera cómo se hace, lo haría. Hombre, no tengo el culo como hace 30 años, pero ahí está, firme. Vivo bien, me cuido mucho, no tomo alcohol, como poco: verdura cruda, mucha soja y poca carne. Soy bastante feliz a ratos. Sólo los tontos son felices todo el tiempo».

–¿Y su futuro, cómo lo ve?
–Quisiera hacer la gran película que no he hecho y morir en la cama rodeada de gatos. Son tranquilos, sabios y silenciosos. Yo aprecio mucho el silencio.
No gasta mucho, no necesita mucho y no tiene achaques.