Dolores esperó a San Fermín

Pamplona. 5ª de la Feria de San Fermín. Se lidiaron toros de Dolores Aguirre, bien presentados, desiguales de hechuras, con movilidad todos. 1º y 2º, rajados aunque con movilidad; el 3º, bueno; el 4º, manejable sin humillar; el 5º, bueno por el izquierdo; el 6º, con cierto genio, para apostar. Lleno. Salvador Cortés, de azul marino y oro, estocada desprendida, dos avisos (silencio); estocada, aviso, descabello (silencio). Alberto Aguilar, de blanco y plata, pinchazo, estocada baja (silencio); pinchazo, estocada (saludos). Joselillo, de grana y oro, estocada (oreja); estocada (vuelta al ruedo). 

El pucelano se cruza ante uno de sus dos astados de Dolores Aguirre
El pucelano se cruza ante uno de sus dos astados de Dolores Aguirre

Nada tuvo que ver la corrida de San Fermín con la de Sevilla. Nada. Que era una señora corrida ya se sabía, la sorpresa nos la llevamos después. Cuando la plaza se despejó y el toreo entró a escena. El misterio lo desvelamos poco a poco. Abantos casi todos los de Dolores de salida, mansos en el caballo pero con miga después. Matices, nobleza y mucha movilidad. No siempre fácil, pero con una faena por hacer. Opciones para quien llegara y se metiera las dificultades en el bolsillo. El tercero de la tarde reunió de pronto las cualidades que le habían faltado al primero y al segundo. Este no se quiso ir, no se rajaba, no buscaba tablas. Con fijeza acudió a la muleta de Joselillo presto, por los dos pitones, con motor, nobleza y desplazándose. Duró el toro, que pasó demasiado discreto por el caballo, y con nota por la muleta. Joselillo comenzó de rodillas y después alargó el trasteo por ambos pitones sabedor de lo que tenía entre manos. Se fue largo, correcto, voluntarioso siempre y tras la espada encontró el premio. Se lo pidieron también cuando acababa el recital. El sexto pidió los papeles. Exigía una barbaridad, porque sabía que atrás quedaba algo, alguien; la tensión era una realidad. En el ruedo había esfuerzo. Una apuesta. Se había lanzado la moneda al aire. En este no existían los regalos ni los pasos en balde. Pero también era toro de recompensa, como toda la corrida de Dolores Aguirre, no siempre fácil, pero había cosecha después. Anduvo Joselillo poderoso en un trasteo justo. Pero el trofeo que le daba paso al triunfo no llegó.

Se nos iba una tarde con poso. Reposo dejó las embestidas del toro de Dolores que salió en quinto lugar. Descolgó el cuello el toro y lo hizo por abajo, hasta con ciertas pausas. Había acudido primero como un tren, con todo, a la muleta de Alberto Aguilar que inició en el mismo centro del redondel. Después el madrileño lo hizo todo por el izquierdo en un trasteo de largo metraje, correcto, aunque faltó algo... No sabría decir qué, pero la cosa no acabó de cuajar. Su primero se rajó en el último tercio, quería irse, huir, pero había que rascar, porque en tablas el animal tenía motor para responder.

En esa misma línea había salido el primero, aunque cantó la gallina más a las claras. Salvador Cortés anduvo en el intento pero sin acabar de sacar en claro el trasteo. Más tarde, metidos en harina ya en el festejo, no se aclaró con un cuarto que iba y venía sin pedir demasiadas explicaciones a nadie y sin humillar. Gris comienzo y tibio final.

La sorpresa se la había guardado Dolores Aguirre para San Fermín. Esperó a Pamplona y nos sorprendió a todos para mandar al carajo los manuales.