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1984 unas elecciones inolvidables por Jaime Mayor Oreja

Empiezo  pidiendo perdón por recordar la entidad y personalidad de un hombre como Manuel Fraga a través de lo que son mis recuerdos personales e íntimos de unas elecciones lejanas pero inolvidables en 1984, fecha en la que me presentaba como candidato a lendakari en el País Vasco.

  • 1984 unas elecciones inolvidables por Jaime Mayor Oreja

Tiempo de lectura 5 min.

17 de enero de 2012. 02:13h

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17/1/2012

Fueron las primeras elecciones en la calle, en las plazas, en los mercados, de una opción de centro derecha española en el País Vasco. Pero el recuerdo, y la descripción de la misma, por parcial y anecdotario que pudiera padecer, sin embargo, ha sido siempre para mí y sigue siéndolo, una excelente radiografía, mas que fotografía, de la personalidad de Manuel Fraga. Las anteriores elecciones generales del 77, del 79, del 82 e incluso las Elecciones Autonómicas de 1980 habían sido por lo general clandestinas, para tanto la UCD como para Alianza Popular, en el País Vasco.

Manuel Fraga me enseñó lo que eran unas elecciones de verdad en la calle, que comenzaron con un mitin-almuerzo, con alubia roja incluida, en el Frontón de Gordexola y culminarían con un acto en «La Feria de Muestras de Bilbao». Aquellas elecciones fueron para mí, un ejemplo de valor y de coraje personal de quienes era nuestro Presidente de la coalición Popular, embrión del hoy Partido Popular.

Recuerdo cómo Manuel Fraga, tuvo la osadía de llegar a la Universidad de Oñate, donde en pocos minutos demostró saber más de esta Universidad que todos los que estábamos junto a él, por supuesto, incluso más que la persona encargada de explicarle la Universidad.

Pese a su gesto, lleno de respeto y cariño hacia aquella Universidad, no transcurrió ni siquiera media hora, para que el mundo de ETA, la izquierda abertzale se movilizara y rodeara en pocos minutos la Universidad, por lo que tuvimos que abandonar casi de modo inmediato el lugar. Pocos días después, repartíamos propaganda electoral en mano, como a él le gustaba hacer, en el mercado de San Martín de San Sebastián, en una calle tan céntrica como la Calle Urbieta. En esta ocasión, fueron suficiente quince minutos para que los bárbaros se organizaran, teniendo que padecer un lanzamiento de «huevos autóctonos», hecho que nos obligó, para evitar males mayores, a abandonar el local.

Pero quiero recordar, que ni lo hicimos dramáticamente, ni siquiera corrimos, sino que por indicación personal de Manuel Fraga lo hicimos pausada y ordenadamente.
Muy pocos días después acompañé a Manuel Fraga a una emisora de radio de Bilbao, cuyo nombre no recuerdo exactamente, en la que se sometió a preguntas de los oyentes. Además de algún insulto, uno de esos «respetuosos» oyentes, incluso se atrevió a hacer alguna referencia de su Santa madre, por quien nuestro Presidente fundador, sentía una especial admiración y cariño.

En un momento determinado, mientras este oyente insinuaba y acusaba de cosas terribles a su madre, él, sin perder la paz, retirando el micrófono con su mano, me dijo «¡Qué paciencia hay que tener, hasta insultan a tu madre a través del micrófono!»

Sin embargo, Don Manuel, continuó su campaña en la calle, y siempre con el calendario programado hasta la extenuación que cumplía puntualmente, sin modificación posible. Llegamos casi al final de la campaña a Zarautz, y celebramos un acto electoral en un Colegio Público, organizado por los ejemplares hermanos Juaristi. En el momento en el que Manuel Fraga estaba firmando unos libros, sobre la mesa que presidía aquella aula, una bomba estalló en el cuarto de baño, inmediatamente contiguo a este salón. El estruendo fue impresionante, y la sencilla puerta de madera que nos separaba del artefacto salió por lo s aires.

Recuerdo la escena de cómo, varios policías, entre ellos mis escoltas, se abalanzaban para protegerle, mientras que la angustia entre la gente era descriptible.

Sin embargo Manuel Fraga, siguió firmando los ejemplares que le faltaban y finalizamos la jornada en un excelente restaurante Aiteneche, en la misma maravillosa ciudad de Zarautz, comiendo una inolvidable merluza con cocochas.

Allí, recibió la llamada del entonces Presidente del Gobierno, Felipe González, para interesarse por esta barbarie. El programa se había mantenido sin variación alguna.

Para que no faltara nada en aquellas elecciones, en las que tanto aprendí, tres días antes del a fecha electoral, llegó esta vez la tragedia. El Senador Socialista, Enrique Casas, que encabezaba la lista del Partido Socialista en el Guipúzcoa, fue asesinado en el rellano de la escalera de su casa en San Sebastián, el 23 de Febrero de 1984.

En el momento del asesinato, acompañaba a Manuel Fraga en su coche, un viejo pero sólido y confortable VOLVO de color verde, que nunca superaba los 110 km/h.

Pocos minutos después, a través de la radio del coche, escuchábamos la confirmación de la tragedia y el anuncio de la suspensión acordada por los Partidos Políticos de la Campaña Electoral.

Doy fe, que Manuel Fraga, no compartió la decisión de la suspensión, porque en su opinión, daba la razón en parte a los terroristas. Por esta razón, ETA lograba interrumpir la Campaña Electoral.
Aún recuerdo, la bronca que le echó al Diputado Vizcaíno, a nuestro malogrado y admirado amigo, Florencio Aróstegui, que había tomado la decisión.

En cualquier caso, en todas aquellas horas que fueron muchas, que le acompañé en su coche, me di cuenta de qué manera, un hombre con fama de duro, incluso de «ogro», un «anti-vasco», se emocionaba, incluso lloraba, al ver el humo de las chimeneas de los caseríos que veíamos en el camino, recordando a su madre y los relatos de  caseríos, que su madre vasca, le había enseñado de niño. No fue la última vez que le vi emocionarse y llorar al hablar del País Vasco.

A través de su madre y de su apellido Iribarne, se sentía profundamente  vasco, sentía el País Vasco hasta lo más profundo de su ser. Para mí aquellas elecciones significaron mucho.
Fue toda una lección de un hombre valiente y decente, de convicciones profundas y tratado injustamente por algunos sectores de mi querida Tierra Vasca.

Hoy otros hablarán de su capacidades intelectuales y políticas, que han sido muchas. Permítanme que me haya quedado en el capítulo de un anecdotario personal, pero que suele resultar tan ilustrativo y significativo, en la mayoría de las ocasiones, como es en este caso.

 

Jaime Mayor Oreja
Ex ministro de Interior y eurodiputado

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