La Zaranda como en las peores familias

La troupe jerezana y su poesía escénica vuelve al Teatro Español con «Nadie lo quiere creer», un «sainete espectral» sobre ancianos moribundos y herederos a la espera

Enrique Bustos, Paco de la Zaranda y Gaspar Campuzano, en una escena de «Nadie lo quiere creer. La patria de los espectros»
Enrique Bustos, Paco de la Zaranda y Gaspar Campuzano, en una escena de «Nadie lo quiere creer. La patria de los espectros»

Han tenido que recorrer decenas de miles de kilómetros durante tres décadas para llegar a ser «hombres objeto». No confundan: poco tienen que ver el director y actor Paco Sánchez –en adelante, Paco de la Zaranda, como él gusta de llamarse– y el dramaturgo Eusebio Calonge con Brad Pitt o George Clooney. Peor para ellos (para Pitt y Clooney): sin duda entrevistarlos no es tan ameno como quedar de cañas, con o sin grabadora, con los jerezanos. Lo de «hombres objeto» es la conclusión a la que llegan, sobre la marcha, al reflexionar sobre su más reciente espectáculo, «Nadie lo quiere creer.

La patria de los espectros», un «sainete espectral», como lo definen, que estrenaron en Salt (Gerona) en 2010 y que ahora levanta el telón en Madrid. En él, con la escena más desnuda, más esencial que en otras ocasiones, prescinden de los objetos habituales de otros montajes para centrarse en el actor y el personaje. «Nadie lo quiere creer», subtitulado «La patria de los espectros», tiene por protagonistas a una anciana, en un caserón de antiguo tronío venido a menos, y a dos familiares que esperan ansiosos a que muera para heredar. Así lo desgrana Paco de la Zaranda: «Hay una historia de fondo, como reza el propio título, de espectros. Ellos no tienen ni la solidez de argumentar claramente qué quieren». Y añade Calonge: «Son fantasmas que se disputan un territorio».

Una casa venida a menos
Ambos profundizan en la idea de los fantasmas en vida, que marca en definitiva a casi todos los personajes de sus montajes: «Son el reflejo de una sociedad donde somos poco menos que ánimas», apunta Calonge, y Paco se suma: «Siempre he dicho que los personajes habitan en la conciencia del que los contempla, y en esta obra más que nunca. Están dentro del espectador. Es una familia, pero es una metáfora de una familia. Es una casa y a la vez una metáfora de una casa venida a menos». Y de nuevo Calonge: «En nuestras obras hay un modo alegórico de narrar. La argumentación es simplemente el resorte que mueve la situación emocional que ahí se da». En ésta hay algo más de conexión con el público, creen, gracias al humor: «Tiene más que otras obras, hemos buscado un resorte más popular basado en un diálogo muy rápido», explica Calonge. «Entre otras cosas, porque está en clave de sainete, un sainete espectral, emparentado con el esperpento –añade Paco–.

Es muy directo, en otros trabajos hubo más pintura, por llamarlo de alguna manera». Cabe una explicación más, y la ofrece el autor: «El sainete era un género muy maldito, y La Zaranda cargaba con esa etiqueta también, pero lo que queremos es llegar a todo el mundo».
Veteranos y teatreros de culto, La Zaranda hacen lo que hacen, con variaciones pero sin revoluciones, desde aquellos «Tinglaos de Maricastaña» de 1983. Un teatro escrito por Calonge con trazas de poesía, surrealismo y humor, y que en escena apuesta por dejarse de artificios y acudir a la esencia de sus tres actores, Gaspar Campuzano, Enrique Bustos y el propio Paco. Llegaron después obras como «Vinagre de Jerez» (1989), «La puerta estrecha» (2000) o las anteriores a ésta, las tres en el Español a su paso por Madrid, «Homenaje a los malditos» (2004), «Los que ríen los últimos» (2006) y «Futuros difuntos» (2008). Después de tres décadas subidos al mismo tren, mantienen la fe en su trabajo. «Por supuesto, si no, no lo haríamos», deja claro Paco. «Sin la fe no hay esperanza, y sin esperanza no estás vivo». Y deja claro Calonge que los años no traen cansancio: «A La Zaranda le apasiona La Zaranda, y en las pasiones hay momentos turbulentos, de amor, de odio...».

Crecer en la adversidad
El tema de la crisis, de los Ayuntamientos que no pagan, se zanja rápido con ellos: «Al crecer en la adversidad total, como hemos crecido nosotros, eso no nos toca, puede que sean otro tipo de empresas teatrales las que tienen esas dificultades». Y aclara: «Hemos pasado muchas veces por ese momento de no saber para dónde tirar porque todo te asfixiaba, económicamente también, por supuesto. Pero ha hecho falta ese momento para que se abriera otra puerta y saber por dónde tirar. Nos hemos quedado todos a expensas de lo económico. Parece que el futuro del teatro dependa de unas leyes ministeriales, y eso no es así».

De premio
En 2010, La Zaranda obtuvo el Premio Nacional de Teatro. «Me han dicho que puede ser un atractivo para que gente que no nos conoce venga a vernos, aunque eso no se mide en más funciones: sin el galardón hubiéramos tenido las mismas», matiza Paco de la Zaranda. «Es nuestro circuito de siempre –añade Eusebio Calonge–. Tampoco queríamos llenar y sacrificar la calidad. El teatro, en casi todas partes, está siendo una ramificación de la televisión, de los éxitos y cosas así. No hay gran interés por el teatro por sí mismo. Nosotros vamos paso a paso, no esperábamos un boom ni lo queríamos. Son muchos años y esa labor es la que queda». Antes de Madrid, actuaron en Gijón: «El responsable del teatro se sorprendió tanto como nosotros, porque estaba lleno todos los días, y eran 1.000 butacas», cuenta Paco. En septiembre los espera Taipei.