Sufrir para ganar

Hollywood fue previsible este año al reconocer a los mejores actores y actrices. Lo de Natalie Portman estaba cantado, y premios anteriores como el Spirit confirmaban las quinielas. Su interpretación de una bailarina de ballet obsesionada por lograr la perfección y perseguida por sus propias sombras en «Cisne negro», de Darren Aronofsky, era la favorita.

Los actores Bale, Portman, Leo y Firth, tras la gala, con sus premios
Los actores Bale, Portman, Leo y Firth, tras la gala, con sus premios

La actriz, de 29 años, llegó a perder nueve kilos para preparar el personaje, y parecía haberlos recuperado bajo su largo vestido-túnica, aunque con un buen motivo: el bebé que espera de su prometido, el bailarín y coreógrafo Benjamin Millepied, al que conoció durante el rodaje. Él fue quien la ayudó a subir al escenario, y a él, a quien llamó «mi hermoso amor», y «quien me ha dado ahora mi papel más importante», le dedicó el premio.

A la segunda

Tampoco era ningún secreto que el tartamudo Jorge VI de Colin Firth en «El discurso del rey» le arrebataría el Oscar al cazarrecompensas de Jeff Bridges en «Valor de ley». Y, de paso, al Bardem más «Biutiful»; aunque la competencia, caso de haberla, parecía estar entre los dos primeros. Como el de Portman, ganó un papel que mete el dedo en el sufrimiento, aunque de otra clase. A Firth, de 50 años, la estatuilla dorada se le escapó una vez, la edición pasada, cuando el protagonista de «Un hombre soltero» estuvo a punto de poner acento británico en los Oscar. Para Portman, a la segunda fue también la vencida: en 2005 casi lo logró con «Closer».

Incluso en los apartados de actor y actriz de reparto se cumplieron los pronósticos: Christian Bale y Melissa Leo mantuvieron el guión no escrito de la noche con una doble recompensa al drama familiar con paisaje de boxeo al fondo de David O'Russell, «The Fighter». O sea, más historias de superación personal y sufrimiento, aunque en este caso el siempre atormentado Bale fuera el hermano difícil del peleón Mark Wahlberg, que trata de huir de su influencia abriéndose camino en el ring con sus puños. Bale optó por la modestia: ««En una sala repleta de gente con talento en los que inspirarse, me pregunto qué diablos hago yo aquí entre vosotros».