Un «Perro» como una cabra

La Compañía Nacional de Teatro Clásico estrena en Almagro un alocado Lope de Vega

Un momento del montaje de «El perro del hortelano» de Eduardo Vasco
Un momento del montaje de «El perro del hortelano» de Eduardo Vasco

Será casualidad, pero en «El perro del hortelano», montaje inaugural del 34 Festival Internacional de Almagro, que el viernes coincidió con el Día del Orgullo Gay, hubo mucha pluma y alguna loca. Aunque bien pensado, también hubo algo de astracán, un tanto de farsa y, sin duda, teatro para dar y tomar, protagonizado incluso por políticos que, por un día, aparcaron sus diferencias para hermanarse en la gran ceremonia de la escena. Fue una apertura con estreno de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, como manda la tradición. En septiembre, Helena Pimenta relevará a Eduardo Vasco al frente de la CNTC, y «El perro del hortelano» es el último montaje que éste dirige para la casa cuyas riendas ha llevado desde 2004. El director dejó claro que su adiós de la institución no será sombrío, y se desmelenó con un montaje alegre y desinhibido, de códigos disparatados y galanes ridículos. Una propuesta en algún momento excesiva que en su conjunto arrancó buenas carcajadas.

Una locura total a la que contribuye el desfile colorido de figurines de Lorenzo Caprile, un tesoro creativo de terciopelos y vuelos dorados que atrapan miradas fascinadas: otra afortunada colaboración, y van unas cuantas ya, del modisto con la institución. Con personajes como el Conde Federico de Miguel Cubero o el Marqués Ricardo de David Lorente, caricaturas de época cercanas al universo del «Don Mendo», este montaje puede provocar rechazo en más de un espectador. Aunque si se analiza, se entrevé en él un resumen de las mejores características que han marcado una etapa brillante de la compañía: buen decir del verso, austeridad en las formas, el atrezo y la escenografía y una compañía sólida repleta de jóvenes talentos, desde el Teodoro de David Boceta a la Marcela de Isabel Rodes. Y, una vez más, sobresalió el trabajo redondo de Eva Rufo, una carismática, sutil, enérgica y seductora Diana.

Espert y Marsillach, juntos
La tarde había comenzado sin embargo, unas horas antes y unas calles más atrás, en el Museo del Encaje, donde se inauguró la exposición procedente del Teatro Español dedicada a Antoñita, maestra de peluquería y postizaje; y, a toda prisa, los asistentes se desplazaron hasta la Iglesia de San Agustín, con otra muestra, esta nueva, preparada con el mimo habitual de Andrés Peláez, sobre Nuria Espert y Adolfo Marsillach, dos carreras entrelazadas en un puñado de colaboraciones históricas, nombres imprescindibles juntos y por separado en la historia del teatro español contemporáneo. En ambas exposiciones la comitiva fue profusa: acudieron la flamante presidenta de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la popular María Dolores de Cospedal, la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, además del presidente de la diputación de Ciudad Real, el Alcalde de Almagro, altos cargos del INAEM y la directora del certamen, Natalia Menéndez.


Entre amigos
Foto histórica la que reunió a cinco hombres de teatro que, sobre el escenario, homenajearon con sentidas y amenas «laudatio» a Nuria Espert, que recibía el Premio Corral de Comedias. Cinco amigos de la actriz: Mario Gas, Josep Maria Flotats, José Luis Gómez, Lluís Pasqual y Antonio Garrigues Walker. Y, junto a ellos, en escena, convertidos por un día en actrices, Cospedal y González-Sinde entre otras autoridades.