Con tetas y a lo loco

La Razón
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Muchas mujeres sueñan con cuerpos de escándalo que sirvan para el ídem. Si no tienes, no importa, antes pasar hambre que no pasar por el quirófano. ¿Qué les pasa a las mujeres que están más interesadas en tener tetas que en alimentar sus neuronas? ¿Será por aquello de que tiran más que las carretas? Sin embargo, quieren igualdad, paridad. Imposible. Hasta que los hombres no se aficionen al relleno, no habrá igualdad que valga. Es un mundo misógino donde ellas están entretenidas en rellenarse mientras ellos siguen al mando. Si la identidad femenina se reduce al tamaño del «tetamen» no hace falta inculcarles a las niñas que estudien y luchen por alcanzar la presidencia en una empresa. Excepto que quieran dedicarse al «famoseo», ligarse al futbolista famoso de turno (lo del torero ya no se lleva), o darse un garbeo por las revistas del hígado, no hacen falta tetas como balones… Adiós a lo natural. Hacerse adicta a la silicona mutante es más fácil que aceptar lo que el cuerpo revela y refleja de la psique. En esta sociedad redilera del siglo XXI, la apariencia es más importante que el propio alma. Pobre de la que no se recauchuta pues es tildada de fracasada. Antes se iba a la iglesia en busca de consuelo para las penas del alma, ahora las insatisfechas o confundidas con su feminidad acuden a clínicas de cirugía estética, los nuevos templos para el desconsuelo, para que les rellenen los huecos emocionales. Nadie es perfecto.